HISTORIA I


 BLOG DE LA CÁTEDRA HISTORIA I -SIGLO XX-XXI


2025


INTRODUCCIÓN
La historia humana, puede ser abordada desde múltiples planos de análisis. Esos análisis los lleva adelante la historiografía, es decir, a grandes rasgos, la narración e investigación científica (sistemática, ordenada y racional) de la historia.
Así, la historia puede ser vista como conflicto, como evolución, como plan providencial, como resultado de la racionalidad humana, como algo caótico y azaroso; puede ser explicada desde el funcionamiento de la economía, como el desenvolvimiento del espíritu, como la toma de conciencia de las clases, o como muchas otras formas más.
Una de las visiones de la historia es el inexorable triunfo del progreso humano.
Sin embargo, esta imagen positiva y esperanzada de un futuro mejor, que se comenzó a construir en el siglo XVIII, se quebró en el siglo XX.
Lo testimonia Walter Benjamin, hacia fines de la década de 1930:

"Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso."
Este texto motivó a Laurie Anderson a escribir su tema Progress (The dream before).


En este cursado, analizaremos las grandes rupturas de ese paradigma del progreso humano, y los conflictos que surgieron en su lugar, para reconstruirlo, ponerlo en duda o superarlo.

UNIDAD I
HISTORIOGRAFÍA. UNA SÍNTESIS


Fragmento de Documental De Saul Bass, ¿Por qué inventamos?, de 1968, Oscar al mejor corto documental



Corrientes historiográficas


EUROPA HASTA LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Lo que conocemos como mundo occidental fue modelado por las primeras civilizaciones antiguas, Grecia y Roma, cuyos legados políticos, ideológicos y culturales fueron selectivamente resguardados por la Iglesia cristiana, devenida en universal (es decir, católica).
De esos lejanos mundos se fue erigiendo un puñado de naciones, que se transformaron radicalmente con la llegada de pueblos germánicos, en un periodo que se conoce como las "invasiones" germánicas (o "bárbaras"). De esa mezcla de elementos grecorromanos y germánicos, surgieron los reinos medievales.
La larga Edad Media agregó nuevas notas propias: una estructura social diferente de las sociedades antiguas, nueva concepciones del poder, y nuevas formas de vida. Desde el siglo V hasta el siglo XV, Europa vivió en la compleja Edad Media.
Pero este periodo también sufrió dislocaciones y conflictos, que dieron origen a profundos cambios. Entre ellos, la cosmovisión de los europeos se amplió notablemente con las exploraciones del mundo y el contacto con nuevas civilizaciones (nuevas para ellas, al menos). La conquista y colonización europeas de estos mundos extraeuropeos dio origen a una nueva Edad, la Moderna.
Y en este periodo, el tiempo histórico se aceleró, con grandes revoluciones: 
  • científicas, desde el humanismo, hasta el empirismo
  • políticas, con la aparición de una nueva forma de organización de las sociedades, el estado moderno
  • sociales, con la aparición con fuerza de nuevos sectores sociales que dieron el tono a toda la época
  • tecnológicas, con el descubrimiento de la ciencia aplicada y la expansión económica capitalista por todo el mundo.
Este proceso desestabilizó el orden moderno hacia fines del siglo XVIII, y de sus conflictos surgió un nuevo periodo.

 Apunte de referencia
Las categorías de la historiografía


EL SIGLO XIX

LOS ANTECEDENTES DEL MUNDO MODERNO

La segunda mitad del siglo XIX, presenció grandes transformaciones políticas, económicas y sociales. Todas ellas tuvieron importantes consecuencias en lo que sería el traumático siglo XX.
Podemos sintetizar estos complejos procesos, considerando por lo menos cinco ejes centrales:
  •  desde mediados del siglo XIX, los modos de producción industrial se hicieron más complejos y globales. En general, se denomina a esta profunda transformación como SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL 
  • Estas transformaciones obligaron a los estados a, sobre todo después de la crisis de 1873, controlar sus mercados compradores y proveedores de materias primas. así, el mundo desarrollado europeo comenzó una competencia por ocupar espacios extraeuropeos, en forma directa, formal, o mediante influencias políticas, económicas con las elites locales. Asistimos, así, al surgimiento de un nuevo IMPERIALISMO EUROPEO, que reconstruye los pactos coloniales con nuevas regiones.

  • la revolución industrial, que fortaleció a las burguesías industriales aún nacientes, condujo a la militancia de los trabajadores, que, lentamente, fueron adquiriendo conciencia de su situación de explotación. Las luchas políticas de la burguesía industrial y financiera, por tomar el poder político de las naciones europeas, se combinó con la militancia obrera y la organización política en torno de las ideologías de clase, como el socialismo o el comunismo. Esto originó los primeros CONFLICTOS SOCIALES, entre los cuales, la Comuna de París es un sangriento episodio.
Muro de los federados, en París, lugar de ejecuciones durante la rebelión

  • Estos conflictos internos, el desarrollo industrial y la competencia interimperial, condujeron, a fines de siglo, a definir alianzas entre grupos de países para lograr equilibrios de potencias, continuamente puestos en duda por las pretensiones hegemónicas de las principales potencias: Inglaterra, Alemania, Francia, Rusia. Así, surgieron ALIANZAS OFENSIVO-DEFENSIVAS, que entraron en constante colisión hasta que en 1914, las tensiones acumuladas por el rígido sistema de alianzas, hizo crisis, dando lugar a la GUERRA MUNDIAL, la "Gran Guerra".

  • En el interior de cada región, se definieron, tempranamente, nuevas tendencias ideológicas. Entre ellas, la más movilizante, fue el NACIONALISMO europeo. Si las principales potencias surgieron luego de unificaciones de territorios bajo las ideas del estado-nación (como Italia o Alemania en los años 1850-60) en aquellas nacionalidades que no tuvieron el sufiente poder para cristalizar en estados propios, las tensiones fueron en aumento.
  • Pero el nacionalismo, si pudo tener connotaciones positivas en la definición de estados homogéneos o estables, también dio lugar a formulaciones excluyentes. Así, el nacionalismo permitió justificar y fortalecer el proceso imperialista, a través de los PAN-NACIONALISMOS, como el alemán o el ruso, o el inglés, que justificó la conquista del resto del mundo con ideas de superioridad cultural.
  • estos pannacionalismos decantaron en un NACIONALISMO EXTREMO en algunos casos, que fueron el inevitable germen de los modelos autoritarios y fascistas del siglo XX.
En 1914 todas estas tensiones explotaron en la primera guerra mundial, la que en su momento se consideró la "guerra para terminar con todas las guerras" y no fue más que el primer capítulo de una trágica "Segunda Guerra de los Treinta Años", como la caracterizaron los historiadores posteriores.

Para sintetizar estos procesos, podemos descargar un resumen del siglo XIX.


UNIDAD II
ARGENTINA Y AMÉRICA HASTA LA 
PRIMERA GUERRA MUNDIAL

INTRODUCCIÓN

El territorio del Río de la Plata, como toda América latina, estuvo sujeto, desde la llegada de los europeos, a procesos similares y simultáneos con los de otras regiones. La influencia común de potencias europeas, el impacto de ideas novedosas, el inicio de procesos independentistas, la modernización, y más cercano a nuestros tiempos, la globalización neoconservadora, afectaron de forma tan intensa a esta región como a cualquier otra. Nuestra historia, es sin duda, la historia de toda América latina.
Entendemos por América latina al vasto territorio desde el Río Grande en México, hasta Tierra del Fuego. Se ubican en él, conglomerados culturales de raíces más o menos comunes, con áreas lingüísticas diversas, y experiencias históricas complejas y variadas.
Si bien el término América latina tiene un origen en el siglo XIX, es desde los años 1960 cuando se opuso como caracterización frente a otras denominaciones, con matices ideológicos más o menos definidos. Así, los historiadores de matriz conservadora, hispanista, prefieren la denominación Iberoamérica (para ubicar allí a los países de colonización española y portuguesa),  y remarcan tradiciones comunes muy fuertes: igual metrópolis colonial (España o Portugal), comunidad de idioma (español o portugués), religión (católica). Incluso se restringe este universo a solamente las regiones colonizadas por España, en el término Hispanoamérica, remarcando la relación, que se pretende aún operante, entre España y América, en una suerte de herencia cultural y religiosa intensa. Latinoamérica fue pensada por historiadores franceses para incorporar la tradición francesa, española y portuguesa como fundante de los pueblos americanos. Siempre se considera al mundo anglosajón como completamente distinto (y en verdad lo es).
En los años sesenta, la expresión América latina se impuso como la caracterización de nuestros países continentales y caribeños, casi como oposición al mundo europeo y anglosajón.
En ese mundo, el Río de la Plata, quedó incorporado por medio de una lenta y dificultosa conquista. Los territorios de esta parte del mundo no tenían lo que buscaban los españoles: ni oro, ni plata, ni indígenas dóciles. Dos veces hubo de ser fundada Buenos Aires (en 1536 y 1580), y los contingentes colonizadores entraron desde distintos puntos, en momentos diferentes. La conquista aún no estaba terminada en el siglo XVII, cuando los comechingones mantenían una tenaz resistencia a los conquistadores.
Pero hacia 1680 las principales áreas de América están ya bajo el control español, portugués o inglés. En el Río de la Plata, las resistencias disminuyen y se estabiliza el área española.
Lentamente surge un mundo nuevo, menos dócil a los dictados legisferantes de los españoles, con nuevas realidades culturales, sociales, intelectuales. Los criollos americanos reclaman mayor autonomía, controlan las realidades locales de las ciudades indianas con sus cabildos. El arte se hace americano, con el aporte de los artesanos indígenas. El barroco americano alcanza una gran personalidad. Tal vez no sea un Nuevo Mundo (como reemplazo del Viejo, carcomido por la corrupción y la venalidad), tal vez no sea la Utopía que piensan los jesuitas en sus misiones indianas, pero es sin duda un mundo totalmente distinto. Y muy dinámico.
Los conflictos con Portugal en Europa, repercuten también en Sudamérica, y esto lleva a los españoles en 1777 a la creación de un virreinato para el mejor gobierno de esta parte de su imperio.
Los graves conflictos que sufre Europa desde la Revolución francesa y la expansión napoleónica arrastra a los americanos y los obliga a optar: y trabajosamente optan por la independencia desde 1810.
1810 es una fecha de revolución en varias regiones americanas. El mismo grito de libertad se esparce por México, Venezuela, el Río de la Plata y Chile. Y, en todos lados, ese grito es controlado por la reacción española. En todos lados, menos en Buenos Aires y su territorio de influencia. El Río de la Plata resulta, así, el baluarte de la libertad en América.
Un baluarte con tensiones internas muy fuertes, entre posturas claramente revolucionarias e independentistas y posturas más contemporizadoras, que tratan de negociar con los españoles llegado el caso. Terminan imponiéndose las primeras, con San Martín, Bolívar, Sucre.
En 1824 las guerras por las independencias están terminando. Se inicia pues, una nueva etapa. A la independencia, hay que completarla con la organización. Pero aquí, las tensiones opuestas vuelven a aflorar en toda América otra vez. En las Provincias Unidas, que se han independizado en 1816, los unitarios y los federales desgajarán estos territorios con dos concepciones del mundo totalmente opuestas.
La lucha cesa en 1852 con la derrota de la opción federal, que ha encarnado Rosas tan particularmente, con sus rasgos autoritarios, centralistas, violentos, pero con su orgullo de independencia frente a las imposiciones europeas.

Apuntes de cátedra
Apuntes de cátedra: 1820-1870

EL ESTADO LIBERAL OLIGÁRQUICO: 1880-1916

Desde 1853, por fin, la Argentina ve consagrados los tres pilares de la construcción de un estado moderno: la independencia (lograda en 1816), la unidad nacional (obtenida con la derrota federal) y la organización constitucional (a través de una constitución sancionada precisamente en 1853).
Sin embargo, no estaría el futuro inmediato exento de problemas.
La provincia de Buenos Aires, poderosa y presuntuosa, consideraba que la unidad debía ser dirigida y controlada por sus clases dirigentes. Cuando un federal como Urquiza es quien lidera este proceso, la provincia de Buenos Aires, liderada por Bartolomé Mitre, se separa del resto. Durante nueve años la Confederación volvió a estar desunida.
Al fin, la unidad quedó resuelta con la derrota del gobierno nacional central (cuya capital provisoria era Paraná), en Pavón. En 1862 llegaba al poder el primer presidente constitucional del país reunificado. Sería, justamente, Mitre.
Mitre, Sarmiento y Avellaneda, son conocidos como las "presidencias organizadoras", porque sientan las bases del orden republicano liberal que desde entonces posee Argentina.
Como si se tratara de un programa intensamente diseñado, cada presidente se centró en un aspecto de la organización institucional o económica. La voluntad irrefrenable era transformar a la Argentina en un país moderno, un país a la "europea" o como Estados Unidos, referente inocultable de Sarmiento. En todo caso, como un país progresista.
Esta clase dirigente, educada en el primer liberalismo, fogueada en la más insuperable oposición a Rosas y todo lo que implicara federalismo, veía al país en clave europea. El objetivo era modernizarlo, es decir, acabar con todo aquello que Sarmiento había sancionado como "barbarie": lo tradicional, lo profundo del campo, el caudillismo, el personalismo; todo lo que podría, indirectamente, remitir a un pasado colonial o español, que era sinónimo de atraso. Estos hombres estaban contagiados de la ideología del progreso, lineal, constante y ascendente. No se podía volver atrás, era algo que ellos no permitirían.
Así vieron al gobernante de Paraguay, y por eso se embarcó Mitre en una terrible guerra con Brasil, contra el ogulloso país mediterráneo. Una guerra de la que Argentina salió airosa con grandes costos humanos, y materiales.

Cándido López. Batalla de Curpaity, 1892, óleo sobre tela
Cándido López, Batalla de Curupaity, 1892, óleo sobre tela
 
Así vieron a los últimos caudillos que intentaron oponerse al poder central cada vez más poderoso. Sarmiento llevó adelante una "guerra de policía", contra los últimos restos de las montoneras populares, a la par que sentaba las bases de un sistema educativo primario.
Y así lo vio también el último presidente del periodo, Avellaneda, quien centró su interés en el crecimiento material del país.
Estos gobernantes liberales crearon la estructura de un poder nacional centralizado y laico: se creó un ejército nacional, terminando con las atribuciones provinciales de tener milicias propias. Así se lograba el monopolio de la violencia: desde entonces, el estado nacional sería el garante de todo orden, porque tenía el control de las armas. Se sancionaron los códigos legales que regirían a la Argentina desde entonces (el código civil entró en vigencia el 1 de enero de 1871; recién fue reformado en 2015).
Así, en 1880 Argentina parecía por fin solucionar sus problemas tradicionales, a la vez que crear las bases legales y materiales para el futuro.
Aún quedaba por solucionar el problema de la capital nacional. Buenos Aires siempre había sido la ciudad más importante, pero desde 1853 (cuando había sido declarada ciudad capital del país), se negaba a entregar territorio y jurisdicción a los presidentes. Mitre había logrado negociar un acuerdo con la Ley de Compromiso: el gobierno nacional funcionaría en un territorio que no era propiedad del estado nacional, sino de la provincia de Buenos Aires. El presidente resultaba así como un invitado. En 1880 el gobierno de Avellaneda, de manera no del todo legal, ordenó la nacionalización de toda la ciudad de Buenos Aires: el porteñismo más combativo se levantó en armas, pero fue rápidamente derrotado por el nuevo ejército nacional.
En 1880 llegó a la presidencia un nuevo representante de un grupo cada vez más cerrado y exclusivo de dirigentes: Julio Argentino Roca.
Roca, primera presidencia
Con apenas 37 años, se transformó en uno de los presidentes más jóvenes de la historia nacional. Su predecesor Avellaneda tenía apenas unos meses menos. Con Roca, todas las piezas del nuevo país quedaron ensambladas, en un modelo político oligárquico estable y más o menos sólido, y un modelo económico coherente y simple que funcionó (no sin alteraciones) hasta principios de siglo.
El grupo oligárquico gobernó con puño de hierro a la Argentina, a través del fraude, la exclusión de las mayorías y los acuerdos intraoligárquicos. Cualquier miembro que no perteneciera a esta minoría quedaba descartado como gobernante. Argentina se transformó en una república oligárquica no democrática, pero muy estable. Sus dirigentes construyeron una imagen de país progresista, ordenado, previsible.


Seguían en esto, las bases teóricas propuestas por Alberdi, el ideólogo de la Constitución nacional de 1853. Alberdi, al pensar el orden institucional, había considerado que Argentina no estaba enteramente madura para un régimen republicano pleno. Había una "república posible", lo que había, con lo que se podía contar en ese momento; con esta básica república se debía trabajar para una futura "república verdadera", en la que la vigencia plena de derechos y de libertades pudiera ser asumida por un pueblo convenientemente ilustrado. Por eso la insistencia en la "educación al soberano". Como aún no estaba adecuadamente educado, el soberano debía ser controlado. El fraude fue el mecanismo de control y posesión del gobierno.
Este modelo hizo crisis en variadas oportunidades, pero en general esas crisis eran intraoligárquicas, es decir, estallaban entre los referentes de las distintas facciones oligárquicas, pero no discutían las bases del régimen. Solamente en 1890 se produjo la primera impugnación del orden vigente, protagonizada por grupos extraoligárquicos. Así, se produjo la revolución de 1890, de cuya ocurrencia nació el primer partido orgánico nacional opositor: la Unión Cívica Radical.
Miguel Juárez Celman
Efectivamente, el orden político estaba controlado por Julio Argentino Roca; el roquismo controlaba los cargos más importantes y el Congreso. Sin embargo, en 1886 lo sucedió Juárez Celman, su concuñado. Júarez pretendió formar su propio grupo de poder, el juarizmo, pero Roca conspiró hábilmente para debilitarlo. En 1889 Júarez autorizó la creación de bancos provinciales lo que motivó una descontrolada emisión de moneda sin respaldo, en maniobras fraudulentas. A pesar de las astronómicas tasas de crecimiento anual (40%), en 1890 se produjo una grave crisis financiera. Esto, sumado a la creciente militancia obrera, apuró la creación de partidos opositores fuera del orden oligáquico.
Sobre la base de una Unión Cívica de la Juventud formado por estudiantes, jóvenes, intelectuales y mitristas, en 1890 se formó la Unión Cívica, una alianza entre los mitristas y la juventud (con líderes que incluso provenían del viejo federalismo), para disputar al juarizmo y levantó las banderas de austeridad, libertad de sufragio, respeto a las autonomías provinciales. En julio de ese año, la Unión Cívica organizó un levantamiento armado contra el gobierno, que fue aprovechado por Roca para sacar a su molesto concuñado y colocar a un roquista en la presidencia. Así, los cívicos vieron cómo las fuerzas del general Campos que apoyaban el movimiento, decidieron no actuar contra el gobierno y la revolución del Parque fue contenida.
Roca neutralizó a Juárez que debió renunciar. El vicepresidente Pellegrini, roquista, ocupó la presidencia. La Unión Cívica también se quebró: el mitrismo pactó con Roca y formó la Unión Cívica Nacional; el resto creó en 1891 la Unión Cívica Radical, que se mantuvo en la más estricta oposición hasta 1912.
Revolución de 1890 en Buenos Aires
El orden oligárquico se sustentó en la exportación primaria, a través de un crecimiento económico hacia afuera. Este crecimiento, cierto y evidente, implicó sin embargo una subordinación a un esquema económico internacional liderado por Inglaterra.
La exportación giró exclusivamente en un puñado de productos primarios, entre los cuales se destacó la carne enfriada, los cereales y la lana. El sistema se mantuvo sólido e inalterado en este periodo, por la evidente colusión de intereses: los mismos gobernantes eran a la vez los exportadores y sus socios. Era obvio que mantener ese ordenamiento sería la política a seguir.
Este modelo de crecimiento hacia afuera se extendió hasta 1930-40, durante el cual se desarrolló toda la infraestructura económica, de caminos, comunicaciones, puertos, servicios públicos. Era un modelo que necesitaba mano de obra, disponible en Europa. Así Argentina recibió millones de europeos y centroeuropeos dispuestos a radicarse en el campo como propietarios o asalariados. No fue posible acceder a las tierras, ya repartidas entre la oligarquía, por lo que muchos volvieron a sus países de origen, o se asentaron en las ciudades para desempeñar tareas urbanas.
Este orden económico pues, generó una estructura social particular: una clase alta poderosa de terratenientes, minoritaria y muy cerrada, con alianzas comerciales y culturales con comerciantes de exportación y empresarios europeos. La oligarquía agraria, dueña de las tierras y del poder político.
Las ciudades vieron lentamente crecer una pequeña clase media profesional y comercial, deseosa de ascenso social en el empleo público o a través del estudio universitario. En el campo esa clase media estaba compuesta por pequeños arrendatarios o medieros que alquilaban los campos para producir a su riesgo cereales. Muchos eran descendientes de colonos europeos llegados a mediados de siglo.
Las clases populares eran mayormente urbanas. No existía un campesinado en Argentina, a diferencia de otros países americanos. Eran peones de estancia en situación de explotación o contratados por temporadas, pero no eran significativamente importantes debido a la producción extensiva y de poca mano de obra que significaba la ganadería. En cambio, en las ciudades, los inmigrantes agrandaron un enorme sector social complejo, de trabajadores, artesanos y tenderos. Su ubicación en barrios de inmigrantes, su cercanía por vivir en la misma ciudad, los hizo más concientes de su fuerza política y muchos de ellos se organizaron en sindicatos, que hacia 1900 eran muy activos y numerosos. Las condiciones de vida marginal, en conventillos, sin acceso a vivienda, salud, o educación, los hizo muy activos políticamente en favor de ideologías de izquierda.
El estado oligárquico no tenía en sus planes pactar con los sectores obreros, por lo cual la solución seguida siempre fue la represión. Ante la creciente organización de centrales obreras (como la anarquista FORA), el estado respondió con leyes represivas como la Ley de Residencia (1902) o la Ley de Defensa Social (1910), que perseguía particularmente a los extranjeros a quienes se acusaba de ser revolucionarios.
Sáenz Peña en 1910
En 1910 llegó al poder una nueva facción oligárquica: el saenzpeñismo. Su líder, era Roque Sáenz Peña, un antiroquista que había visto cómo su padre era manipulado por Roca contra él mismo en 1892. Cuando el roquismo se fue debilitando hacia 1907 Sáenz Peña volvió a la carga. Tenía ideas similares a la oligarquía, pero rechazaba el fraude electoral como mecanismo de control político. Sabía que si los gobiernos no eran legítimos, la UCR seguiría en la oposición, controlada por el caudillo Hipólito Yrigoyen.
En 1911 se iniciaron largas reuniones y debates para reformar el sistema político de manera controlada. La idea era mantener el poder, legitimar los gobiernos con el voto limpio, e incluir a la UCR dentro del orden legal, para que no insistiera con revoluciones cívicas (como las de 1890, 1893 y 1905). El radicalismo era verdaderamente popular y podría sacar del poder a la oligarquía.
Como resultado de esta fina estrategia se sancionó la Ley Electoral que ponía fin al fraude indiscriminado, a la vez que permitía a la oligarquía mantenerse en el gobierno. Para eso había que formar un partido como el radical y ganar elecciones claves.
En 1912 se puso en práctica por primera vez en Santa Fe y Buenos Aires: las dos elecciones arrojaron el triunfo de la UCR. Esto puso nerviosos a algunos integrantes de la alianza gobernante, pero Sáenz Peña siguió con su plan y facilitó la formación de un partido moderno para ganar las elecciones de 1916, en las que se elegiría presidente. Su muerte en 1914 dividió otra vez a la oligarquía: los modernistas querían seguir con el plan de Sáenz Peña; el presidente en ejercicio, Victorino de la Plaza, de la vieja escuela, consideraba que debía volverse a las prácticas habituales.
En esa situación se eligió un nuevo presidente. La UCR eligió a Hipólito Yrigoyen como su candidato; la oligarquía se dividió y en algunas provincias incluso votaron al radicalismo (como el civitismo en Mendoza).
Así, por un margen no muy grande, ganaba el radicalismo. Pero no cualquiera, sino el yrigoyenista.

Texto ampliatorio. Gaggero, Horacio. Historia de América latina. Buenos Aires, Aique, 2006, pp. 99-106


LA AMPLIACIÓN DE LA REPÚBLICA: EL PERIODO RADICAL

Yrigoyen asume en 1916, ante una multitud que desborda a la comitiva oficial
En 1916 el radicalismo consagró a su líder Hipólito Yrigoyen como presidente. El radicalismo podía poner en práctica su programa clásico: moralidad administrativa, respeto a la soberanía popular y al federalismo e impersonalidad de la conducción política.
Sin embargo, Yrigoyen agregaba a ese histórico programa, sus propias concepciones ideológicas. Consideraba al partido radical como algo más grande, como un movimiento social. Se veía a sí mismo como un conductor más que un presidente; creía que el radicalismo debía ser una fuerza moral, no un partido electoralista; debía como tal, cumplir una misión: moralizar la patria, recuperarla de la corrupción del Régimen oligárquico; el radicalismo era pues, expresión misma de la Argentina. La misión era casi de una religión cívica. El radicalismo con estas ideas se volvió personalista: surgió entonces el radicalismo yrigoyenista con fuertes características de idealismo, antipositivismo, patriotismo romántico, tradicionalismo y policlasismo. No todos los dirigentes veían bien este cambio doctrinario que los alejaba de los cuatro puntos programáticos de Alem, su fundador en 1891. Así, este sector antiyrigoyenista se fue identificando como opositor interno con fuerza en la ciudad de Buenos Aires, en su Comité Capital. Fue el sector "galerita" o "azul", porque eran de extracción social alta, de familias tradicionales, más cercanos a los conservadores que al pueblo radical.
El radicalismo yrigoyenista, con su base en el Comité de la Provincia de Buenos Aires y las provincias del interior, llegó al poder con escasas ideas económias propias. Su programa era fundamentalmente político, pero dejó inalteradas las bases del modelo agroexportador.
Una incipiente industrialización tuvo lugar en forma esporádica por las guerras y las crisis subsiguientes. Pero pasado el momento crítico, Argentina volvía a la exportación como fuente de financiamiento y de recursos.
Aún así, el yrigoyenismo acertó con ampliar la importancia del estado como interventor activo en la economía.
En estas décadas, Argentina se mostró a sí misma como confiada en un futuro eternamente promisorio. Sin embargo, las tensiones crecían sordamente.
El mundo obrero continuó su organización y maduración con el anarquismo como fuerza más importante.
Pero también algunos sectores conservadores comenzaban a evolucionar un pensamiento excluyente y autoritario. Hacia principios de siglo el nacionalismo era elitista y excluyente. Pero con la llegada del gobierno radical, más claramente popular, el nacionalismo se nutrió de otras ideas, surgió un nacionalismo popular más positivo, que no rechazaba a los extranjeros sino que pretendía incorporarlos. Después de todo, el radicalismo yrigoyenista sacaba muchos de sus cuadros y votantes de los primeros descendientes de los inmigrantes urbanos.
Pero hacia la segunda década del siglo XX, el fascismo y el autoritarismo militarista comenzaron a apropiarse del pensamiento nacionalista (que en el siglo XIX había sido patrimonio de caudillos y sectores populares).En 1924 el escritor Leopoldo Lugones leía un admonitorio discurso en la ciudad peruana de Ayacucho, para conmemorar el centenario de la batalla que había puesto fin a la guerra americana de independencia. En Ayacucho, decía Lugones, "tocaba, para bien del mundo, la hora de la espada". Consideraba que ya no existían elites capaces de gobernar las naciones en decadencia. La última de esas élites era la oficialidad militar. Debería llegar el momento en que esa última reserva de moralidad pública tomara el poder para poner fin al caos.

Yrigoyen se hizo cargo del gobierno en 1916 con una cuota de poder escasa pero enorme legitimidad y popularidad. Casi todas las provincias estaban gobernadas por los viejos partidos oligárquicos. Eso quiere decir que Diputados y Senadores también eran opositores; el poder judicial igual. Las universidades, los organismos económicos, eran aliados a la oligarquía.
Yrigoyen aprovechó la popularidad del partido e intervino progresivamente las provincias en las que se habían elegido gobernadores sin la Ley Electoral. Estas "intervenciones reparadoras", la mayor parte sin acuerdo del Congreso, eligieron luego gobernantes radicales libremente. Sólo Córdoba, muy conservadora, eligió un gobernante conservador.
Con un mayor control territorial, y mejor situación en Diputados, presentó numerosos proyectos que en el Senado no fueron tratados. Optó por acuerdos sectoriales: con los obreros de matriz sindicalista o socialista pactó acuerdos novedosos, como la jubilación de los portuarios. El estado se hizo cargo de obras públicas, amplió sus funciones. Necesitó más empleados estatales, que el radicalismo controló electoralmente como un clientelismo político de nuevo cuño.
Si bien Yrigoyen no tenía objetivos de cambio estructural, apoyó una reforma educativa en Córdoba. Con la Reforma Universitaria de 1918 la aristocrática y eclesial Universidad de Córdoba reformó sus planes de estudio y dio origen a una activa dirigencia estudiantil. La Reforma creó nuevas universidades y fue modelo seguido en otros países. Fue la única acción confrontativa contra la oligarquía.
Contra el movimiento anarquista en cambio, Yrigoyen no dudó en actuar con contundencia. En enero de 1919 una huelga estallada en un gran taller metalúrgico se reprimió con cientos de muertos en la llamada Semana Trágica. Dos años más tarde, un conflicto entre obreros y terratenientes de la Patagonia fue reprimido por el Ejército con cientos de muertos anarquistas otra vez. El presidente se inclinó por el orden establecido sin dudarlo.
Esto no melló su popularidad entre las nacientes clases medias de hijos de inmigrantes, y en 1922, cuando terminó su mandato, Yrigoyen se inclinó por Marcelo de Alvear, un aristócrata radical con amplios lazos con la oligarquía. El cálculo era que Alvear facilitara el regreso de Yrigoyen al poder en 1928.
"La de Alvear fue una presidencia suertuda", dice el historiador Félix Luna. Efectivamente, las crisis de la posguerra europea pasaron y Argentina volvió al crecimiento, la agroexportación y la ausencia de conflictos. Pero Alvear, radical, no aceptaba el dominio de Yrigoyen y se fue separando lentamente de su tutela.
En 1924, los aliados oligárquicos y el sector conservador o azul del partido presionaron para que se separara a los yrigoyenistas, que controlaban la provincia de Buenos Aires. Alvear, aunque no aceptaba el caudillismo, no cedió a las presiones. El partido radical se quebró inevitablemente en dos: la Unión Cívica Radical personalista (Yrigoyenista) y la UCR antipersonalista (antiyrigoyenista).
En 1928 el anciano caudillo de 76 años volvió a ganar, con mayor cantidad de votos y un grupo de jóvenes dirigentes con un programa más coherente: nacionalismo económico, reformismo, americanismo.
Pero esta vez, si con votos no se había podido frenar al yrigoyenismo, los sectores conservadores no dudaron en buscar nuevos aliados. El militarismo era la nueva opción.


LAS CONSECUENCIAS DE LAS GUERRAS

La "Gran Guerra", generó graves consecuencias, desde el momento mismo en que se decretó el armisticio en noviembre de 1918.
Ningún país participante quedó conforme. Los esfuerzos colectivos crearon un clima de gran angustia. A pesar de que la paz volvía, evidentemente nada sería igual que antes de la guerra.
Gran parte de la responsabilidad cabe a la paz negociada con las potencias vencidas. El tratado de Versalles no contentó a nadie, y mucho menos a las potencias derrotadas, porque se convencieron que había sido firmado para destruirlas. Ese sentimiento de frustración caló hondo en Alemania: antes de finalizar la guerra, Alemania era un arrogante imperio. En 1919 era una república al borde del colapso y de la revolución social.
Las consecuencias fueron numerosas, en todos los aspectos de la vida de las naciones que se vieron involucradas. Pero sin duda, las más graves fueron las consecuencias políticas, las ideológicas, las sociales y las económicas.

Las consecuencias políticas
  • El mapa europeo se modificó radicalmente. Los grandes imperios autocráticos dieron paso a repúblicas parlamentarias, o socialistas, o desaparecieron. 
 

  • Las nuevas naciones surgieron con la premisa de cumplir con la formulación del "estado nacional". Así, austríacos, húngaros, checoslovacos, polacos y otras naciones se erigieron en estados independientes.
  • Pero esta premisa no se cumplió en los Balcanes, donde un estado plurinacional sometió a muchas naciones al predominio serbio, como en Yugoslavia, o crearon un estado binacional, como los checos y los eslovacos.
  • Hubo pérdidas territoriales convalidadas en sucesivos tratados, que perfilaron las fronteras de Alemania con un criterio defensivo: no dejar a Alemania la posibilidad futura de mejores condiciones estratégicas. De hecho, un territorio alemán quedó separada por un corredor polaco: Prusia.
El "corredor" de Danzig, que separó a Alemania en dos
  • El orden mundial se reconstruyó a través de la Sociedad de Naciones, primer intento de crear un orden supranacional, un organismo que solucionara los conflictos sin el recurso de la guerra. Sin embargo, Estados Unidos no intervino, y tampoco las potencias derrotadas. Al fin, los conflictos volvieron a ser solucionados violentamente. Aún así, la Sociedad de Naciones logró cierto consenso en conflictos regionales periféricos.
Consecuencias económicas
  • Casi toda Europa quedó con sus zonas productivas desvastadas
  • la reconstrucción obligó a reconvertir las industrias de guerra en industrias de bienes de consumo. Esto originó graves desajustes con una crisis de posguerra de la que Europa logró recuperarse hacia 1920.
  • Hubo una redistribución de la riqueza mundial profundamente desequilibrada: Estados Unidos salió de la guerra como acreedor de los principales países europeos. En 1918 concentraba el 39% de las reservas mundiales de oro para fines monetarios. Sin embargo, su política era fuertemente proteccionista: no compraba a ningún país. Esto distorsionó fuertemente la economía mundial, que colapsó en 1923, con una terrible hiperinflación en Alemania.
  • Los principales países industriales fueron sancionados en el Tratado de Versalles, como Alemania, que debió afrontar fuertes pagos por deudas de guerra, evitando desarrollarse y así, disminuir su desocupación. Todos los descontentos comenzaron a mirar a los nacionalistas extremos como una solución para todos los males de Alemania
Consecuencias sociales
  • La muerte de la población masculina fue enorme en muchos países; así también la de civiles en las ciudades. En general, hubo un descenso de la población de los países participantes, de manera drástica
  • La posguerra inmediata arrojó al mercado laboral a millones de soldados desmovilizados, que no podían ser absorbidos por las industrias, que tardaban en reconvertirse a industrias de bienes masivos. La desocupación generó graves conflictos en todo el mundo, desde Alemania, con los espartaquistas, a Estados Unidos, con un aumento de la importancia de los sindicatos, o en Argentina, con una fuerte militancia anarquista ahogada en sangre en la Semana Trágica de 1919 o la Patagonia rebelde de 1921-22.
  • Esta situación significó el triunfo de la primera experiencia socialista en el poder, en Rusia, en 1917. La Revolución rusa significó un impacto fortísimo para acelerar los procesos de cambio en el resto del mundo. 
 Consecuencias ideológicas
  • la ideología del progreso indefinido de la civilización europea occidental, fue duramente puesta en duda. Surgieron movimientos estéticos, ideológicos y políticos menos optimistas en el futuro de Europa.
  • la guerra originó rencores nacionales, más fuertes que antes. Las características de "guerra total", que movilizaba a la totalidad de las fuerzas de los países, llevó a que surgieran odios entre naciones, que superaban los odios regionales que habían sido propios hasta entonces. El nacionalismo extremo, radical y revanchista, ganó espacio frente a formas más constructivas de nacionalismo. 
  • El liberalismo fue impugnado como ideología de progreso y bienestar. En su frente, se mostró como alternativa real el socialismo en Rusia, que se organizó como partido comunista internacional o Tercera Internacional hacia 1919, y alentó las revoluciones sociales como en Rusia, en todo el mundo.
  • El militarismo se presentó como otra alternativa de redención nacionalista. Los militares fueron vistos como la "última élite" pura, en un mundo en decadencia. Sentó las bases de las ideologías autoritarias que comenzaron a dominar a Europa desde 1923, con la dictadura española de Primo de Rivera.

LA REVOLUCIÓN RUSA

Ataques a manifestantes en la Avenida Nevski, San Petersburgo, julio de 1917
Una de las consecuencias políticas y sociales más radicales de la primera guerra mundial, fue la revolución rusa.
La revolución fue un vasto y complejo proceso de transformaciones, que tuvo un impacto mundial innegable. Si para los revolucionarios de 1848 el comunismo era un fantasma que recorría Europa, motivando a todos los poderes del mundo a unirse contra él, en 1917 era una realidad monstruosa, o una revelación.
Ninguna conciencia quedó ajena a la revolución rusa, en ningún país del mundo. Una ola de expectativa, terror o esperanza, se extendió desde la lejana Rusia. Sin embargo, las promesas y virtudes no tardaron de manifestar situaciones que, con el stalinismo, se transformarían en crudas realidades.
Sea lo que fuere, el mundo de la guerra vio hundirse a la "Rusia eterna" en una nueva Rusia.
La Revolución, como ninguna, tardó en modificar las estructuras que se comprometió a derribar. El proceso fue lento y lleno de marchas y contramarchas.
Muy brevemente podemos considerar como sus etapas las siguientes:

  • la RUSIA ZARISTA, entra en guerra con una crisis económica y política ya endémica: la oposición liberal reclamaba cambios políticos; los sectores radicalizados del socialismo revolucionario tenían, en las ciudades altamente industrializadas, un gran peso.
  • la guerra acelera la crisis hacia 1917, luego de las derrotas militares, el esfuerzo bélico y la pésima conducción política
  • El zar debe renunciar en medio de graves estallidos sociales. Toma el control un GOBIERNO PROVISIONAL en febrero de 1917, que sin embargo no puede limitar la creciente y decisiva influencia de las formas políticas de los soviets, las asambleas de obreros que bajo influencia de los revolucionarios marxistas, conocidos como bolcheviques, exigían una profundización de los cambios
  • En agosto, un intento de GOLPE ZARISTA debilitó aún más al gobierno provisional, y permitió un mayor protagonista de los bolcheviques
  • en octubre, los bolcheviques dan UN GOLPE REVOLUCIONARIO y toman el poder, iniciando una serie de cambios bajo el liderazgo de Lenin, que retiró a Rusia de la guerra para concentrar los esfuerzos en la reconstrucción
  • Sin embargo, los sectores desplazados lograron el apoyo de potencias occidentales y de grupos armados mercenarios para destruir lo que juzgaban un peligro mundial. Esto derivó en una cruel y larga GUERRA CIVIL
  • Este contexto obligó a reorientaciones del proceso revolucionario, que adquirieron mayor profundidad con la elección de STALIN como el nuevo líder de la revolución,quien la estabilizó y la transformó en un nuevo orden político
La revolución tuvo un gran impacto en los procesos sociales de todo el mundo. Incluso los países menos proclives a los cambios revolucionarios, como Estados Unidos, se vieron conmovidos. De hecho, el periodista y corresponsal norteamericano John Reed participó de las jornadas revolucionarias rusas y debió exiliarse en Moscú luego de ser acusado de espía en su país. Relató su experiencia en el libro Diez días que estremecieron al mundo. La película Reds, dramatiza su vida en la Rusia revolucionaria.

Bibliografía ampliatoria. HOBSBAWM, capítulo 2.
LA POSGUERRA Y LA CRISIS ECONÓMICA 
DEL CAPITALISMO. 1929-1933



Luego de la Primera Guerra Mundial, resultó evidente que Europa ‑dueña del mundo hasta entonces‑ había entrado en abierta decadencia, ya que todos los países incluso los vencedores, quedaron arruinados. El continente había perdido millones de jóvenes hombres, sus ciudades se hallaban desvastadas y su economía, totalmente subordinada a los Estados Unidos, el gran centro financiero del mundo.
Verdad es que las potencias vencedoras quedaron aún dueñas de sus colonias, pero en adelante en ninguna de ellas se gozó de tranquilidad, a causa de los movimientos nacionalistas que abiertamente luchaban por su independencia.
Por lo demás, los diversos tratados de paz, al dividir al continente en 38 unidades políticas distintas, contribuyeron mucho a debilitarlo, sobre todo, con la creación de los nuevos y pequeños Estados, incapaces en absoluto de autoabastecerse, y focos propicios de problemas internacionales. Con todo, hay que reconocer que Europa dispuso del medio de solucionar pacíficamente sus conflictos, evitando con ello agravar aún más su decadencia, pero, por desgracia no supo utilizarlo.

La Sociedad de Naciones

Una de las disposiciones ideadas por los vencedores de la guerra, en Versalles, fue establecer un sistema internacional de seguridad colectiva. Por eso, decidieron, a instancias de Estados Unidos, la creación de la Sociedad de Naciones.
La Sociedad debía estar integrada por los países del mundo, y debía evitar los conflictos bélicos, proponer el arbitraje internacional y velar por un orden pacífico. Pero tenía una falla de origen: había sido instituida por los vencedores en un tratado de paz, que se había impuesto a los vencidos. Éstos no tendrían inicial derecho a formar parte del nuevo orden; los países vencedores se reservaban el derecho de invitar y autorizar el ingreso de los demás países.
El sistema funcionó con suerte dispar en los conflictos mundiales, pero no alcanzó a imponerse a las potencias. De hecho, Estados Unidos no ingresó; Alemania, al principio aceptada, luego se retiró con la llegada de Hitler al poder. Hacia 1939, la Sociedad de Naciones era letra muerta en el punto más importante: garantizar la paz.

La crisis

 El telón de fondo de este proceso mundial fue la evolución de la economía mundial.
Desde 1918 hasta 1929, la economía global pasó por tres fases centrales:
  •  una crisis breve de posguerra (1918-1921)
  • un auge económico en la principal potencia mundial, Estados Unidos
  • constantes crisis económicas en la principal región europea: Alemania (1923)
  • una aguda crisis sistémica entre 1929 y 1939, absorbida por la crisis aún mayor que se desató con la Segunda Guerra Mundial
Las soluciones y las alternativas a la crisis
 
Ante la crisis global, comenzaron fuertes impugnaciones al capitalismo liberal desregulado y a la democracia liberal representativa. Se los acusaba de no haber anticipado la crisis, y de no responder con celeridad ante los primeros indicios.
Razón no les faltaba en algún sentido, a los críticos.
Entre 1929 y 1932, el gobierno conservador norteamericano siguió atado a la idea de que sólo el mercado podía autoregularse, y que, como en anteriores crisis, en este caso tambíen se sortearían con naturalidad los problemas. Había que abstenerse de actuar. Cuando en 1932, el gobernador del estado de Nueva York propuso medidas heterodoxas para salir de la crisis, el electorado lo siguió. Surgía así el New Deal, una alternativa dentro del mismo capitalismo, convenientemente regulado.

"El más alto nivel de vida del mundo: no hay forma de vida como la norteaemericana", dice el cartel con una larga fila de desempleados negros

Pero en Europa las alternativas y propuestas eran claramente anticapitalistas o antidemocráticas.

Material ampliatorio. Walfare state.

La Unión Soviética quedó al margen de la crisis global, porque estaba ensayando una política económica propia y original. La fuerte industrialización dirigida por el estado, la completa colectivización de la producción primaria, la planificación económica a mediano plazo, controlada por el estado, evitó los ciclos de crisis propios del mundo occidental. Era una alternativa a seguir, pero sin reparar los altos costos humanos que esta economía dirigida implicaba para los pueblos sometidos al dominio ruso.
En Italia, y luego en Alemania, surgieron dos recetas más: los autoritarismos totalitarios del fascismo y del nazismo. En particular el nazismo, gracias a la crisis económica y a la dinámica propia de la república parlamentaria de Weimar, pudo dominar el poder con Adolf Hitler desde 1933. Una vez nombrado canciller, Hitler controló a través del partido Nazi (NSDAP) todas las facetas de la vida alemana, y reactivó el rearme militar a través de un complejo militar-industrial que permitió en 1935-36, mostrar que la crisis era cosa del pasado. El pleno empleo era una realidad, pero con grandes costos: los salarios no mejoraron aún cuando aumentaron las horas de trabajo; se prohibió todo tipo de sindicalización, se favoreció casi exclusivamente la industria de guerra y en 1936, cuando Hitler ya había decidido una política expansionista, se instrumentó la economía de guerra o wherwirtschaft, que subordinaba la producción de bienes de consumo a las prioridades de la industria de guerra.

Material ampliatorio. HOBSBAWM, capítulo 4 


EL NAZISMO Y LA GUERRA MUNDIAL 1933-1945
 
Jesús en la svástica - John Heartfield (foto)
"Podemos decir que el mal absoluto ha emergido en relación con un sistema en el que todos los hombres se han tornado igualmente superfluos". Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo.
 
Los consejeros de Hitler consideraban que Alemania podría lanzarse a la guerra de expansión, para asegurar sus fronteras, controlar a sus enemigos y apropiarse de un "espacio vital" para la prosperidad de sus ciudadanos, hacia 1941.
Por eso todo el esfuerzo de la recuperación alemana, desde que el nazismo tomó el poder en enero de 1933, estuvo vinculado a ese principio: expandir a Alemania. En 1935 Hitler consideró que había llegado la hora, aún dudando de si realmente Alemania estaba preparada. Una insospechada ayuda recibió del orden mundial: nadie reaccionó frente a la "política de hechos consumados" a la que el nazismo recurrió. La forma nazi del expansionismo fue siempre la misma: no amenazar, golpear primero y después resistir la reacción. Y para sorpresa de todos,  nunca hubo reacción.
Cuando en 1939 terminó la guerra civil en España, que Hitler había utilizado para probar sus armas y sus sistemas de guerra moderna, se sintió seguro para comenzar una nueva etapa de expansión, más escandalosa: ocupar Polonia.
El 1 de setiembre de 1939, las tropas de la Wehrmacht alemana derribaban los pasos fronterizos con Polonia. La invasión se iniciaba. En pocas semanas, la atribulada nación polaca veía con pavor cómo sus lanceros a caballo eran masacrados por los tanques alemanes, y cómo sus ciudades eran reducidas a escombros por los bombardeos estratégicos.
En 1940, Holanda, Bélgica y Francia sucumbieron ante la maquinaria de guerra nazi. En 1941, la Unión Soviética. Al poco tiempo, la entrada en guerra de Japón y de Estados Unidos transformaba la guerra europea, en un conflicto planetario.
La derrota alemana en 1945 mostró al mundo las miserias y perversiones del nazismo. El estado totalitario, que había dominado hasta las conciencias de los ciudadanos alemanes, mostraba su lado más espantoso en los campos de concentración.
Cuando los aliados liberaron los campos de concentración y exterminio, el mundo se horrorizó frente a la más espantosa maquinaria creada por el hombre: la "solución final", el exterminio masivo, planificado y ejecutado por los nazis. Una "solución final" que  privilegiada sobre los objetivos militares, fue acelerada cuando aumentó la conciencia de la derrota en la guerra. Auschwitz-Birkenau siguió funcionando con sus cámaras de gas hasta el último momento de la guerra, cuando las tropas soviéticas entraron en Silesia en febrero de 1945. Las SS unos días antes, habían evacuado a los prisioneros para derivarlos a otros campos, como Buchenwald, Dachau, Sachsenhausen. Lo mismo ocurrió en otros campos. 
Un ejemplo de la brutalidad nazi, está plasmada en el documental de Alain Resnais, filmado en 1955, diez años después del holocausto: "Noche y niebla" un duro alegato contra la locura nazi.

Hannah Arendt llamó al totalitarismo, "el mal absoluto", a esa forma de degradación y negación de la humanidad más radical jamás vista. Formas puestas en práctica por hombres que trataban cortésmente a sus mujeres, que eran compasivos con sus mascotas, pero que ejecutaron con la precisión y la frialdad de una orden administrativa, a millones de seres humanos.



Hobsbawm, Eric. Historia del siglo XX. Capítulo IV. La caída del liberalismo.
Arendt, Hannah. Los orígenes del totalitarismo,Planeta-Agostini, 1994.
HERSHAW, Ian. La dictadura nazi. Buenos Aires, Siglo XXI, 2004.
GOTZ, Aly. Los que sobraban. Barcelona, Crítica, 2014.
CUENCA TORIBIO, José. Historia Universal, tomo 4, Barcelona, Océano, 1995.




LA GUERRA FRÍA (1947-1991)

Después de la guerra, el mundo encaró la difícil tarea de la reconstrucción de la comunidad internacional. Aún durante la guerra, los Aliados, en sucesivas reuniones, coordinaron no solo sus esfuerzos de guerra, sino también convinieron en algunas reglas mínimas para la futura posguerra. Daban por descontado, que la guerra terminaría a mediano plazo con la derrota de los enemigos alemán, italiano y japonés (y sus países aliados menores).
Sin embargo, Estados Unidos y el Reino Unido miraban con desconfianza la creciente fuerza militar de la Unión Soviética, el país que, aislado desde 1917, había comenzado a tener una creciente gravitación mundial. Comenzaron a temer una influencia soviética en Europa y sobre todo en Asia, en particular en China. China había entrado en la guerra antes de que ésta estallara en Europa. Un ejército comunista liderado por Mao Tsé Tung había iniciado una revolución socialista contra el gobierno chino sostenido por los occidentales. Pero en 1937, la atribulada nación china había sido invadida por Japón, que iniciaba su expansión imperial por el continente. Manchuria fue puesto bajo control japonés. Ante esta situación, la guerra civil quedó suspendida para luchar contra el enemigo común. Pero cuando se imaginaba la derrota japonesa, se preveía que renaciera el conflicto interno chino, con participación rusa.


Al fin, en 1945, entre mayo y agosto, los combates cesaron. La guerra había llegado a su fin. Pero se iniciaba una nueva etapa: la posguerra, signada por la desconfianza de los Cuatro Grandes, los ganadores: Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética.
Lentamente, los países vencedores comenzaron a reorganizar a Europa y a Asia. La Unión Soviética fue inflexible: no se retiraría de los territorios conquistados por sus ejércitos, y decidió establecer regímenes comunistas satélites en los países liberados de los nazis.
El 24 de octubre de 1945, 51 países fundaron la Organización de las Naciones Unidas, en San Francisco. A partir de ese momento, se transformaría en la caja de resonancia de los conflictos internacionales. Se buscaba la creación de un sistema de seguridad internacional más completo que la malograda Sociedad de las Naciones creada por Versalles al término de la Primera Guerra.
Sin embargo, era imposible la cooperación y la solución pacífica de los conflictos. Las dos superpotencias emergentes no dejaban margen para el entendimiento. En 1946 era ya evidente que la Unión Soviética no retiraría sus ejércitos de los países liberados de los nazis. En ese contexto, el ex primer ministro inglés, Wiston Churchill, le pondría nombre claro a esta situación:  "Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de acero". Detrás de él, infranqueable, se extenderían los regímenes pro soviéticos, hacia el Este. Delante, los sistemas democráticos liberales, hacia el Oeste.
El mundo quedaba desde entonces, dividido en dos partes, en dos polos. Por eso, hablamos del "mundo bipolar" a este sistema, inestable, de relación. Inestable, porque los dos polos no tardarían en chocar violentamente.
Entre 1945 y 1991 este mundo atravesó por distintas etapas y conflictos, que fueron marcando la historia del mundo, y generaron una inumerable cantidad de consecuencias políticas, ideológicas, culturales, sociales.
Podemos, a grandes rasgos, hacer la siguiente secuencia de este complejo y zigzagueante proceso:
1. Guerra y posguerra inmediata:
1945: 
Febrero. Conferencia de Yalta. Se decide el reparto de la Alemania en cuatro sectores, una vez que terminara la guerra; la creación de la ONU; la creación de Polonia como nación democrática; la solución del conflicto en Yugoslavia; la entrada soviética en guerra contra Japón.
julio: Postdam. Nueva y última conferencia interaliada. Inusualmente larga, la conferencia se desarrolló en un clima de desconfianza entre los aliados. Estados Unidos insistió en la desmilitarización y la democratización de los países liberados de los nazis, pero el líder soviético Stalin tenía sus propios planes para los países bajo control de sus ejércitos. No tenía intenciones de ayudar en la guerra contra Japón, a pesar de los pedidos norteamericanos. Sin embargo, a los pocos días Japón se rendiría después de dos bombardeos atómicos.
Conferencia interaliada de Yalta - 1945 -
Conferencia interaliada de Postdam - 1945 -
Con las rendiciones y el fin de la guerra, hubo de comenzar a pensar en la reorganización del mundo.
Dos modelos quedaron en evidencia: el norteamericano, que basaba la estabilidad internacional en sistemas democráticos y mercados libres capitalistas; y el soviético, que consideraba que debía garantizarse principalmente sus propias fronteras, por lo cual no replegaría sus ejércitos de Europa oriental.
1946.
Febrero. Estados Unidos considera a la Unión Soviética como el nuevo enemigo, pues ésta se propondría destruir al capitalismo occidental. Ante esto, solo quedaba una opción: contener el avance soviético, tanto en lo militar como en lo ideológico. Se ponían las bases de la primera teoría de posguerra: la "teoría de la contención". Europa quedaría dividida en dos, partidas por la "Cortina de Hierro". Estados Unidos se erigió a sí mismo como el líder de unos nuevos Aliados, ahora en contra del comunismo soviético.

2. Primera posguerra. Etapa de la Contención
1947
Los países de Europa oriental comenzaron a ser reorganizados a través de regímenes comunistas, con la influencia de la Unión Soviética. Había que contener su expansión hacia el occidente.
En Grecia, el gobierno monárquico había sido puesto al borde del colapso por una revolución comunista, que se había iniciado en 1941, antes de la invasión nazi a ese país. Después de la guerra, se reinició el conflicto interno, y todo preveía el triunfo de la revolución socialista. pero, el contexto mundial ahora era otro. Para frenar el avance del comunismo, los Aliados occidentales financiaron a la monarquía griega, mientras las guerrillas comunistas eran apoyadas abiertamente por Moscú. Era el primer choque "clásico" de la guerra fría: la lucha entre las dos superpotencias, a través de terceros países o grupos.
"Un lugar en la primera fila del avance victorioso de la literatura y el arte revolucionarios" dice el cartel de propaganda de la revolución cultural china.

El otro conflicto aparecía en Asia. Tras la derrota japonesa, Mao Tsé Tung reinició su revolución comunista y logró conquistar gran parte de China. El gobierno local, pasó a ser apoyado por Estados Unidos abiertamente. Pero el problema estaba en Corea, que desde 1902 estaba dividida en dos. La parte norte, con influencia rusa, ahora sufría la presión china maoista. Estados Unidos reforzó la línea divisoria, para evitar la expansión del comunismo, el paralelo 38.
Era obvio que la "marea roja" se extendería inexorablemente, si no se reconstruía primero Europa rápidamente. Por eso, Estados Unidos puso en vigencia el Plan Marshall, para reconstruir las economías occidentales, y así, frenar la presión social que comenzaba a crecer, por la miseria, el hambre y la destrucción. De paso se creaba un área de influencia norteamericana muy fuerte.
La estrategia fue además, profundizar el modelo de estado de bienestar que se aplicaba desde la crisis en Estados Unidos, un modelo de capitalismo regulado que buscaba derramar los beneficios del desarrollo económico a sectores más amplios de la población. El estado de bienestar sería el artífice del milagro europeo de posguerra.
La Unión Soviética, respondió con su propio plan, el Plan Molotov.

1948
 junio. La situación se hizo tensa en 1948, cuando Stalin, en represalia por la ayuda norteamericana a Alemania (pues temía que este país se rearmara y fuera un nuevo peligro para la seguridad rusa), decidió bloquear el área norteamericana de Berlín. Estados Unidos respondió con el establecimiento de un puente aéreo de abastecimiento de los berlineses occidentales hasta mayo de 1949. El puente fue el otro ejemplo de conflicto "clásico" de la guerra fría: la guerra de propaganda. No solo se enviaba comida, carbón, carburante a los berlineses. También chocolates, caramelos y películas norteamericanas. Pocos días más tarde, se estableció la República Federal Alemana, dentro del área occidental.
setiembre. Para coordinar su influencia, Moscú organizó el primer bloque de países socialistas: la Cominform. Al poco tiempo, sufre la primera ruptura. Yugoslavia se separa de la influencia de Moscú y mantiene un régimen comunista propio.

1949
abril. En plena crisis de Berlín, Washington crea su propio bloque defensivo: la OTAN. La política de bloques de contención anticomunista se replicó en todos los continentes: el SEATO, el ANZUS y el TIAR en América latina (establecido en 1947 y que colocaba a toda América bajo la influencia norteamericana).
octubre. La guerra civil china llega a su fin. Mao Tsé Tung proclama la República Popular China. Aparece un nuevo frente de conflicto en Asia.

1950-53
Junio. Con el triunfo del comunismo en China, Moscú pretendió ejercer su influencia y expandir en esa zona su área de influencia, luego de su fracaso en Berlín.
En 1948 la península de Corea había sido dividida formalmente en dos países, el Norte dominado por Moscú desde 1945 y el Sur, por Estados Unidos. En junio de 1950 Stalin autorizó el ataque al sur para reunificar las dos Coreas. Estados Unidos, para sorpresa de todo el mundo, decidió intervenir en forma directa, bajo la protección de la ONU. La rápida respuesta hizo que Moscú optara por no intervenir en forma directa, pero apoyó masivamente con armas y logística a Corea del Norte y a China. A punto de vencer, los chinos y norcoreanos fueron contenidos en 1951 y terminaron por estabilizar su frente cercano al paralelo 38. En 1953, la guerra entró en un virtual empate y se firmó un armisticio, aunque el estado de guerra siguió existiendo. La guerra de Corea fue un tercer ejemplo "clásico" de la guerra fría: la guerra contenida en un área local pequeña.

 3. El "deshielo"

1953
Los dos líderes mundiales de la primera etapa, Truman y Stalin, habían sido reemplazados por nuevos líderes.
El ruso Kruschev sin embargo, no tenía intenciones de desandar la política de expansión del comunismo. Más bien la relanzó, con el apoyo de la tecnología atómica que desde 1949 tenía Moscú. Ahora la seguridad de las fronteras no era el problema principal.
Sin embargo, el primer traspié lo tuvo en China. Por el armisticio en la guerra de Corea, China y la Unión Soviética rompieron su alianza ideológica. Se iniciaba una inesperada competencia dentro del área comunista del mundo, por el liderazgo en Asia.
Dispuesto a presentar al modelo soviético como alternativa al modelo occidental, Kruschev inició una política de "desestalinización" del comunismo, depurándolo de los rasgos totalitarios y violentos que había tenido el régimen de Stalin.

1955
mayo. Para profundizar el control y la cooperación en el área soviética, se firmó el Pacto de Varsovia, similar a la OTAN.

1956
Sin embargo, algunos países del área soviética comenzaron a manifestar intenciones de romper con la alianza recién firmada. Primero Yugoslavia, luego China, lentamente la influencia soviética se iba deshilachando. Finlandia, que estaba entre los dos bloques, reclamó ciertos territorios ocupados por los soviéticos.
octubre. Más impresionante fue la rebelión anticomunista en Hungría y en Polonia, empujada por la política de apertura democrática de Kruschev. En los dos países, las protestas hicieron tambalear a los gobiernos comunistas sostenidas por Moscú. El gobierno polaco logró controlar la situación en octubre, pero en Hungría los rusos actuaron con más contundencia. Invadieron Hungría en noviembre y establecieron un gobierno títere.
Pero la situación era evidente: había un "empate" entre las fuerzas mundiales en pugna. Ni Occidente pudo apoyar a Hungría, ni Moscú pudo avanzar más allá del Telón de Acero. Era necesaria una distensión.

4. La "coexistencia pacífica": 1956-1961

Desde 1956 Moscú optó por expandir su modelo a escala global, renunciando a la guerra o la expansión directa, y poniendo mayor empeño en cambio en apoyar movimientos revolucionarios allí donde éstos surgieran. La guerra fría daba paso a la guerra ideológica. Por eso Kruschev propuso desmilitarizar algunas áreas conflictivas. El nuevo escenario sería ahora África, Medio Oriente y el Sudeste asiático, que comenzaban un lento pero traumático proceso de independencias nacionales, conocido como "descolonización". Allí, la Unión Soviética intentó influir en las naciones nuevas, y alentó la lucha de liberación nacional en todo el mundo.
El conflicto ideológico se hizo evidente en 1954, en Guatemala, cuando un golpe de estado preparado por la CIA, expulsó del gobierno al reformista Arbenz, que se había propuesto una tímida reforma agraria. Estados Unidos comenzaba a ver "infiltrados" comunistas por todas partes, incluso en su propio país.

5. La escalada (1961-1963)

El renovado empeño por la expansión del comunismo, llevó a respuestas agresivas por parte de Estados Unidos y la Unión Soviética. Estados Unidos, mantuvo agresivamente su influencia en América latina y Europa occidental. Dos son los hitos más fuertes del agravamiento de la guerra fría:

Cuba. En 1959 una revolución social había puesto fin al gobierno dictatorial de Fulgencio Batista, apoyado por Estados Unidos. Pero el de Batista había sido un gobierno tan corrupto, que hasta Washington le soltó la mano. El nuevo gobierno era moderado. Pero lentamente, los líderes Fidel y Raúl Castro, junto a Ernesto Guevara, comenzaron a tomar medidas socializantes. En abril los exiliados cubanos, armados por Estados Unidos, intentaron recuperar el poder desembarcando unas pocas tropas, que fueron neutralizadas rápidamente. Pero el ala socialista del gobierno aprovechó para proclamar la revolución socialista y girar dramáticamente hacia la Unión Soviética. Rápidamente, Moscú ayudó a la inesperada triunfante revolución. En 1962, como parte de la ayuda, el nuevo gobierno revolucionario de Dorticós y Castro autorizó la construcción de rampas lanzamisiles soviéticos contra Estados Unidos. El gobierno norteamericano ordenó en un ultimátum, el retiro de los misiles, bajo amenaza de ataque nuclear. Entre el 23 y el 28 de octubre de 1962, todo el mundo contuvo el aliento: la posibilidad de guerra nuclear era real y cercana. Al fin, Moscú negoció y se retiraron misiles de Cuba y de Turquía (emplazados por Estados Unidos).



Berlín. Desde la creación de las dos Alemanias, la Occidental había logrado recuperarse más rápido, gracias al Plan Marshall. Lentamente se venía produciendo un éxodo de alemanes desde el este al oeste, buscando mejores oportunidades económicas. Luego de las crisis de 1956, también otros ciudadanos buscaban la puerta de Berlín para salir de la Cortina de Hierro. En 1961 este proceso se aceleró. Por eso, Moscú ordenó el cierre de la frontera. Entre la noche del 12 al 13 de agosto de 1961, los berlineses se encontraron con un muro que separaba los dos sectores de la ciudad. Estados Unidos protestó, pero no pasó más allá de eso. Al fin de cuentas, el muro significaba que también Moscú renunciaba avanzar más al oeste.

6. La "distensión" y conflictos periféricos (1963-1969)

La posibilidad de la guerra nuclear convenció a las potencias a evitar nuevos conflictos mundiales. Se llegaba, después de años de carrera armamentista, a un "equilibrio por el terror". La competencia, se derivaría hacia otros terrenos, sobre todo el cultural-propagandístico y en particular la "carrera espacial".
Se iniciaron largas y complejas negociaciones para limitar el arsenal nuclear de cada potencia. En 1968 se firmó uno de los más importantes, el Tratado de No proliferación de armas nucleares, que fue firmado por casi todo el mundo y limitaba las posibilidades de un arsenal nuclear a solo cinco países, todos integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU. Estos acuerdos se fueron complementando con los acuerdos SALT, que limitaban los misiles nucleares.
Sin embargo, los conflictos no refluyeron. La descolonización y la creciente organización del mundo árabe generaron nuevas zonas de conflicto: el Medio Oriente, América latina y Vietnam. Pero en Europa también hubo conflictos.

Vietnam
La región había logrado su independencia luego de una durísima guerra contra Francia. Si bien el conflicto se había iniciado en 1945, luego de Corea todas las potencias terciaron en el asunto. Tras la derrota francesa en la batalla de Bien-Dien-Phu, Vietnam quedó dividida en dos, la parte norte fue controlada, tras la salida francesa, por los revolucionarios comunistas. El sur, en cambio, fue puesta bajo el control norteamericano.
La influencia comunista se extendió rápidamente por la vecina Camboya y al fin, Vietnam del norte decidió unificar todo el territorio en una nueva guerra. La teoría de la contención, llevó a Estados Unidos a involucrarse cada vez más en el conflicto, hasta iniciar su participación abierta, hacia 1965. El conflicto se arrastró diez años, cuando, luego de trabajosas negociaciones, en 1973 Estados Unidos se retiró y llevó al triunfo de Vietnam del Norte.
Protestas anti Vietnam - 1968

Khe Sanh - 1972 - Vietnam
 
El conflicto de Vietnam fue cubierto por la prensa norteamericana como ningún otro anteriormente, y como ningún otro después. Esto permitió comprender los horrores de la guerra (como la Masacre de My Lai en 1968 o el bombardeo de Khe Sanh en 1972), y despertó una fuerte oposición antibelicista y pacifista en Estados Unidos y el mundo occidental. Una nueva sensibilidad, el hippismo, irrumpió con fuerza, y los jóvenes norteamericanos  universitarios se rebelaron en masa, junto con la mayor radicalización de los afroamericanos con Malcom X y las Panteras Negras. La revolución también golpeaba en las puertas de Estados Unidos. Esa clara advertencia llevó al retiro de la guerra paulatinamente.
Olimpíadas de México - 1968 - Saludo del Poder Negro
Medio Oriente. La descolonización y el problema palestino
El Medio Oriente, la zona intermedia entre Europa y Asia, había sido repartido entre las principales potencias europeas después de la primera guerra mundial. El Imperio turco, al perder la guerra, había sido desmembrado. Turquía surgió como una república laica occidentalizada, y las estratégicas zonas de Palestina, Egipto, Jordania, Líbano, Siria, Irán e Irak fueron divididas entre Francia y el Reino Unido.

Era sin embargo, una región altamente conflictiva por la variedad de naciones, etnias, religiones y tensiones regionales. La presencia europea generó movimientos nacionalistas, exacerbados por el trazado de fronteras caprichosas, en función de los intereses imperialistas y no en relación con las naciones que quedaban separadas y enfrentadas.
Desde fines del siglo XIX, un nuevo factor comenzó a crecer: el movimiento sionista judío impulsó la colonización de Palestina (o Judea), y crecientes contingentes de judíos europeos, expulsados por las crecientes persecusiones (en Rusia, con los asesinatos en masa de los pogroms) comenzaron a llegar y fundar colonias agrícolas, apenas autorizados por las potencias coloniales.
Esta presencia repentina comenzó a generar fricciones con los palestinos y pronto se organizaron pequeños ejércitos rurales para defender cada espacio colonizado.
En 1917 Inglaterra estuvo de acuerdo con la creación de un estado judío y esto aumentó la inmigración (clandestina en mayor medida) y las tensiones con los palestinos. El nacionalismo árabe consideró esta situación como agresiva y apoyó a los palestinos.
En 1936 el sionismo (derivado en un nacionalismo judío en Medio Oriente) había madurado, tanto que Inglaterra propuso la creación de dos estados, uno palestino y otro judío.
La segunda guerra mundial obligó a Inglaterra a frenar todo intento de un estado nuevo en la región, pero luego de las atrocidades alemanas, la inmigración a Palestina por parte de los judíos europeos se hizo descontrolada. Guerrillas judías comenzaron a defender el territorio colonizado y a presionar violentamente para que se aceptara la creación de un estado propio.
En 1948 la ONU discutió el tema y dictaminó la creación de dos estados: Palestina e Israel. Sin embargo, el territorio palestino quedaba dividido en dos "franjas": la región de Gaza y Cisjordania. Esto hacía inviable el nuevo estado.
En este periodo también lograron su independencia las naciones árabes, que fundaron con rapidez la Liga Árabe y apoyaron abiertamente a Palestina.

Primera guerra árabe-israelí. En mayo de 1948 la Liga Árabe decidió invadir Israel, pero la población judía, acostumbrada a la formación de guerrillas y ejércitos locales, rechazó la invasión en 1949. Se firmó una paz muy frágil e Israel logró aumentar un 20% su territorio inicial.
El estado palestino en cambio, no pudo concretarse por la ocupación de la Liga Árabe: la Franja de Gaza quedó bajo control egipcio y Cisjordania, bajo el dominio de Jordania. La consecuencia de esta primera guerra árabe-israelí, fue que miles de palestinos quedaron desplazados de sus territorios y una enorme población quedó dentro del estado de Israel.
En 1950 Israel proclamó a Jerusalén como su capital desobedeciendo la orden de la ONU que indicaba que debía ser una ciudad bajo administración internacional. Los árabes rechazaron también la propuesta y la ciudad quedó dividida en dos partes: una zona israelí y otra árabe.
El nuevo estado alentó una inmigración judía masiva tanto de Europa como de los países árabes vecinos. Los aportes extranjeros modernizaron rápidamente a Israel y la transformaron en una potencia regional.

Segunda guerra. En 1952 Egipto quedó bajo el mando de Gamal Nasser, que asumió un papel central en la Liga Árabe, defendiendo a ultranza el nacionalismo árabe. Nacionalizó el estratégico canal de Suez, que estaba bajo control extranjero y bloqueó los puertos israelíes.
La nacionalización del canal perjudicaba a las grandes potencias porque perdían el control del petróleo que pasaba por el canal. Por eso Francia e Inglaterra se aliaron a Israel, que en apenas cuatro días en 1956 derrotaron a Egipto en una fugaz guerra e Israel invadió el Sinaí y la colocó bajo su dominio.
Las dos superpotencias, ante esta situación, intervinieron para evitar el colapso de Egipto y tropas de la ONU debieron desembarcar en la región. La URSS tomó partido por Egipto y obligó a Estados Unidos a controlar a sus aliados ingleses y franceses.
El conflicto delimitó las alianzas definitivamente: la URSS apoyaría desde entonces toda acción árabe, y Occidente a Israel.

Tercera guerra: la guerra de los Seis días. Desde el conflicto del Sinaí, Israel continuó con su política de expansión territorial y apoyó la colonización de Cisjordania, la región dada a los palestinos en 1948. Construyó acueductos y generó más tensión en la región. En 1964 un grupo de palestinos en Gaza fundó una organización secreta: la OLP, Organización para la Liberación de Palestina, bajo el liderazgo de Yasser Arafat. La OLP comenzó una acción directa violenta contra los israelíes, tanto dentro como fuera de Israel.
En 1967 los cascos azules de la ONU se retiraron finalmente del Sinaí, e Israel volvió a atacar a Egipto de manera fulminante, con el argumento de que se preparaba una enorme invasión a Israel. En apenas seis días, reconquistó el Sinaí, controló Jerusalén oriental y ocupó los Altos del Golan, territorio sirio, además de invadir Gaza. El territorio israelí se quintuplicó y quedó de hecho bajo dominio nacional.
La Liga Árabe, frente a esta situación, recomendó una guerra de desgaste con la OLP como elemento principal. Los conflictos entre palestinos e israelíes se multiplicaron.

Cuarta guerra: el Yom Kippur. En 1970 el líder egipcio Nasser murió y fue sucedido por otro militar: Anwar Sadat. Egipto, luego de la guerra de los Seis Días, estaba en crisis y había perdido el rol de líder de la Liga Árabe. Sadat necesitaba recuperar el liderazgo y solucionar la "cuestión palestina". En junio de 1973 selló una alianza secreta con Siria y el 6 de octubre atacaron en simultáneo a Israel. El día correspondía a la principal celebración religiosa judía, día en el que por tradición los militares no ejercían sus funciones.
El ataque sorpresivo fue fulminante y Egipto recuperó el Sinaí y Siria los Altos de Golán. Pero la intervención de Estados Unidos favoreció la estabilización de la guerra y los israelíes lograron derrotar a los árabes.
En noviembre se detuvo la guerra e Israel debió entregar el Sinaí y Golán, pero continuó la colonización de Cisjordania. Se inició una larga y trabajosa negociación para la firma de un tratado sólido para la región, que recién pudo lograrse en 1978, con los Acuerdos de Camp David, donde Egipto, Israel y Estados Unidos acordaron la soberanía egipcia de Sinaí, la internacionalización del canal de Suez, y la autonomía de los territorios palestinos. Los países árabes vieron esto como inaceptable y apoyaron una independencia completa de Palestina, dando apoyo a la OLP.
La OLP aumentó su acción violenta con hechos resonantes: el ataque a la delegación judía en los juegos olímpicos de Munich en 1973, el estallido de aviones comerciales, ataques terroristas en Europa y secuestros resonantes. Estableció campos de entrenamiento en el Líbano y desde allí comenzó a realizar ataques a la población israelí.

Quinta guerra. El Líbano era una antigua colonia francesa independizada en 1943. Pero su población estaba dividida entre dos religiones: los cristianos y musulmanes, que desde entonces pugnaron por controlar políticamente al país.
En 1970 la OLP se refugió el el país y comenzó a apoyar a milicianos árabes contra el gobierno cristiano. En 1975 estalló una violenta guerra civil entre las dos religiones. Las matanzas obligaron a la Liga Árabe a invadir el país en 1976. En 1978 Israel invadió el sur para neutralizar a la OLP y la ONU debió enviar una fuerza de paz.
La situación se hizo más violenta e Israel invadió completamente el sur neutralizando a los musulmanes. Apoyó a las milicias cristianas en la ocupación de Beirut y bajo su control los cristianos cometieron las espantosas masacres de Sabra y Chatila, campamentos de refugiados palestinos. Ante la presión de la ONU, Israel retiró en 1983 sus tropas.
Sin embargo, la situación palestina siguió sin resolución, a pesar de los acuerdos de Paz de 1994 que dieron origen a la Autoridad Nacional Palestina.

1968-1973. De París a Praga, pasando por Santiago
Luego del deshielo o de la desetalinización, los partidos comunistas europeos habían vuelto a organizarse y a aumentar su importancia electoral. Se venía produciendo un profundo cambio cultural desde fines de los cincuenta que llevaron a los jóvenes a tener un mayor protagonismo. Impulsados por las descolonizaciones, el triunfo de revoluciones sociales masivas como en Cuba o en Argelia, y mayor independencia y crítica a la sociedad de consumo, los jóvenes se organizaron en las universidades y comenzaron a exigir cambios sociales y políticos amplios.
Primavera de Praga - 1968
En enero de 1968, este clima de reformas y cambios también se notó en el área soviética. Ese mes se anunciaron en Checoslovaquia ciertas reformas, un "socialismo con rostro humano". Pero estas aperturas a las libertades de prensa, y de asociación, empujó a muchos en Checoslovaquia a profundizar las reformas democráticas. El gobierno comunista las aceptó, pero Moscú no iba a permitir que nadie se apartara de la ortodoxia marxista-leninista que era la oficial para todo el comunismo mundial. El 20 de agosto, una poderosa columna militar invadió Checoslovaquia. La resistencia lentamente fue agotándose. La reacción occidental fue nula, igual que en el caso de Hungría, trece años antes.
La Primavera de Praga, como se conoció a este intento de reforma, dio impulso a protestas contra el presidente De Gaulle, líder conservador y héroe de la segunda guerra mundial en Francia.
Mayo Francés - 1968

Ese reclamo se hizo repentinamente masivo en París, en lo que se conoció como el "Mayo francés", una amplia huelga dirigida por jóvenes universitarios y obreros industriales, con el apoyo de los intelectuales de izquierda como Sartre o Foucault. La radicalización ideológica sin embargo, aunque provocó un enorme cambio cultural a nivel global, no implicó en Europa un aumento de la importancia electoral de los partidos radicalizados de izquierda.
México antes de la masacre de Tlatelolco - 1968
En cambio, en América latina ocurrió algo distinto. Desde 1964 América latina, sufría la aparición de dictaduras militares anticomunistas y antidemocráticas, amparadas por Estados Unidos. La respuesta norteamericana en la región, ante el triunfo de la revolución cubana, era la Alianza para el Progreso (apoyo al desarrollo industrial y económico de América como forma de frenar las revoluciones sociales) y la Doctrina de la Seguridad Nacional (donde los ejércitos nacionales debían combatir con la represión y la tortura a las infiltraciones comunistas en partidos, sindicatos y universidades). La existencia de un clima represivo justificaba la aparición de guerrillas que buscaban una apertura democrática o la revolución. Los cambios del Mayo francés influyeron en una repentina politización de los universitarios de Latinoamérica, generalmente de clases medias. Así, en México, los estudiantes participaron de multitudinarias protestas contra el autoritarismo del gobierno mexicano pero fueron masacrados en octubre de 1968 (Matanza de Tlatelolco); en mayo de 1969, una huelga de obreros y estudiantes terminó con un alzamiento popular conocido como Cordobazo en Argentina.

Cordobazo - 1969
La resistencia armada y política de los partidos populares en América latina, dieron sus frutos. En 1970 triunfaba mediante elecciones democráticas el socialismo en Chile, y consagraba a Allende como presidente. El socialismo latinoamericano aparecía como una alternativa frente a la ortodoxia soviética y el maoísmo chino. La alternativa proponía la "vía chilena al socialismo", es decir, democrática. Poco tiempo más tarde, en Argentina, la victoria contundente del peronismo llevaba al poder a los sectores más progresistas y revolucionarios, con el presidente Cámpora.
Nacionalización del cobre en Chile - 1970
Pero Estados Unidos no podía permitirse errores en su área de influencia directa. Entre 1973 y 1989 una serie de violentas dictaduras neutralizó la vía chilena, y evitó la expansión del comunismo en Nicaragua en 1979, con el apoyo de grupos contrainsurgentes.
Las décadas de 1960 y 1970 fueron las de un cambio cultural a la luz de la guerra fría. Las conciencias, en particular de las nuevas militancias juveniles, de género, raciales, ecologistas y femeninas, despertaron y produjeron nuevas formas de pensamiento y de arte en todos los aspectos de la vida cotidiana. Desde la historieta a la pintura, desde el cine a la televisión, desde la vestimenta a la forma de concebir y relacionarse con el propio cuerpo, desde la filosofía a la poesía, todo quedó dramática y definitivamente trastocado. Sin duda fue una ruptura muy profunda y evidente. Se tomó conciencia de una ruptura generacional como jamás antes se había percibido. Los jóvenes reclamaban sus propias identidades, distintas y opuestas a las de sus padres; una ola de disconformidad por el estado de bienestar sacudía a Europa. La consigna era clara: paz, amor y música.
Barbarella y la rebelión de las costumbres
Quienes más claramente representaron esa sensibilidad nueva fueron los Beatles, quienes de ser un grupo de jóvenes de canciones frívolas y sencillas, evolucionaron hacia la experimentación y las propuestas vanguardistas, haciendo propias las estéticas del pop art y de la psicodelia de Londres. 
El cine y la televisión fueron otros campos de batalla. Toda vez que Europa era un hervidero de espías y contraespías, aparece el superagente 007 para desenmascarar a los malechores enemigos. Y, más irónicamente, también apareció el superagente 86, para luchar, de manera torpe pero inesperadamente efectiva, contra los supermalos de Kaos. Y si ganaba Maxwell Smart, era porque Kaos era más estúpido aún.
Pero la tv también se daba tiempo para experimentar con propuestas más extrañas, como el exótico animal rosa que se hizo famoso por su ambigüedad (como en los años 20 lo había sido Krazy Kat en la historieta): la Pantera Rosa.

7. La "Segunda Guerra Fría" (1979-1991)
Así como Vietnam había sido la derrota norteamericana, Oriente Medio sería lo mismo para la Unión Soviética. En 1979 el gobierno comunista prosoviético de Afganistán comenzó a ser atacado por aliados norteamericanos desde Pakistán. Para evitar el colapso, la Unión Soviética inició su invasión a la región, clave para el petróleo y el gas del medio oriente. La respuesta norteamericana no se hizo esperar. Desde 1980, el gobierno neoconservador de Ronald Reagan relanzó un fuerte programa de rearme estratégico conocido como "guerra de las galaxias" y apoyó abiertamente a los afganos contra la Unión Soviética (al igual que en otros lugares, como Nicaragua, Irán, Camboya o la isla de Granada). La "Doctrina Reagan", de apoyo a los movimientos internos anticomunistas dio sus frutos. La competencia económica y propagandística de Estados Unidos, llevó al agotamiento material de la Unión Soviética. Rambo, el solitario guerrero, le ganaba a todos los soviéticos juntos, se vengaba de los vietnamitas y combatía en Afganistán, casualmente. Mientras, menos violento, desde la televisión McGiver con originales inventos podía salvar al mundo occidental de unos invariablemente torpes comunistas e intrigantes.
En 1985 el nuevo líder soviético tuvo que rendirse a la evidencia. Propuso un amplio programa de reformas llamado "Perestroika", que condujo a la apertura democrática del bloque soviético. Este entró en una rápida descomposición, en numerosas crisis entre 1989 y 1991.
La guerra fría llegaba a su fin en la Conferencia de Malta (2-3 de diciembre de 1989), cuando se anunciaba que se iniciaba una etapa de cooperación este-oeste.
Sin embargo, el subyacente conflicto norte-sur quedó sin ser atendido.
El símbolo más claro de la división ideológica entre el este y el oeste, el muro de Berlín, fue derribado por multitudes de berlineses (luego de la crisis de los refugiados europeo-orientales), en octubre de 1989. Al año siguiente se reunificó Alemania y en 1991 se creaba la Comunidad de Estados Independientes, sucesora de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Para ampliar sobre la guerra fría, el archivo "mundo bipolar"

Biubliografía
HOBSBAWM, Historia del siglo XX, pág. 472-483 

El conflicto norte-sur. La guerra fría entre el desarrollo y el subdesarrollo. 
Después de la guerra de1939-1945, el mundo quedó dividido en dos áreas de influencia, dominadas por las superpotencias vencedoras: Estados Unidos y la URSS. A este conflicto y etapa se la conoce como guerra fría.
Cada área de influencia intentó imponer modelos político-económicos basados en sus respectivas ideologías: así Estados Unidos representó la opción capitalista-liberal y la URSS, el orden comunista-soviético.
Esquemáticamente, cada área de influencia se la identificó con el oeste (Estados Unidos) y el este (URSS). Se inauguró así, un extenso periodo de la historia mundial identificado con el conflicto este-oeste, un conflicto "entre iguales", que sin embargo abarcó a todo el mundo.
Pero en la dinámica del mundo de posguerra, y potenciado por el conflicto anterior, se fueron produciendo significativos cambios en el resto del mundo. Las áreas mundiales que en el siglo XIX habían sido repartidas por el imperialismo moderno en favor de las potencias europeas, comenzaron a rebelarse y a constituirse como países independientes. Surgió traumáticamente así, un nuevo grupo de países surgidos de la dislocación de los imperios coloniales.
El puntapié inicial exitoso lo dio la independencia de la India en 1947, aunque muchas otras regiones habían iniciado su proceso de descolonización anteriormente, como Indochina, pero la guerra mundial había puesto una pausa a estas luchas.
Así, Asia, África y Oceanía iniciaron complejos procesos que dieron origen a nuevos países y a nuevos centros de influencia mundial. La relación con las superpotencias fue compleja, cambiante y conflictiva.
Entonces se superpuso a la relación de conflictos este-oeste, otra línea de conflictos: la de los países centrales (norte) y los nuevos países o subdesarrollados (sur). Evidentemente, esta distinción geográfica es claramente esquemática, pero sirve para identificar una relación de una naturaleza distinta que la que separaba a las superpotencias. Los nuevos países reclamaban mejoras en las condiciones de distribución de la riqueza mundial. El conflicto norte-sur, fue, pues, claramente económico y político, centrado en un paradigma crítico frente al capitalismo occidental. 
El denominado Tercer Mundo, que se identificó con estas ideas, intentó organizar nuevos foros internacionales que levantaran sus banderas, como el Movimiento de Países No Alineados, desde 1955, la Organización de Países Africanos, o el Parlamento Africano.
Muchos fueron los países que se volcaron a este espacio internacional, desde Cuba, en América, a la India en Asia, Yugoslavia en Europa, o Egipto, en África.
El conflicto norte-sur, se mezcló en la guerra fría con los intereses de las potencias y se complejizó. Nuevos espacios de conflicto, como el Medio Oriente, entraron también en esta dinámica internacional. Cada potencia procuró neutralizar la movilización colectiva que empujaba al debate de la riqueza en el mundo. Por eso, cada intento de alinear a los países de cada bloque en este espacio de crítica, era duramente castigado. América latina vio cómo Chile en 1970 o Nicaragua en 1979 se transformaban en activos ejemplos de modelos anticapitalistas. Ambos países fueron neutralizados por Estados Unidos.
El conflicto norte-sur se definió con mayor precisión teórica a partir de las teorías de la dependencia y del subdesarrollo, en particular en América latina, a través de la CEPAL, o de economistas como Celso Furtado, que tuvo su mayor influencia en la región en los años 70-80, hasta que la redemocratización de América latina se hizo bajo la inconfundible marca del neoliberalismo.

Bibliografía
El conflicto norte-sur en las relaciones internacionales

La descolonización de África 
La expansión europea se llevó a cabo por medio de la ocupación de territorios y la construcción de espacios exclusivos de explotación económica fuera de Europa. Durante el siglo XIX, este fenómeno imperialista se articuló de diferentes maneras: a través de colonias, protectorados o dominios de hecho.
El reparto de China por las grandes potencias, siglo XIX
En el siglo XX, lentamente, los pueblos de muchas regiones del mundo comenzaron a reclamar niveles de autodeterminación mayores. Inglaterra, previendo una ruptura dramática de su imperio, optó por crear un imperio descentralizado, una Comunidad de Naciones Británica, que fue muy fructífera para la metrópolis hasta después de la guerra. Aún así, se aferró a algunas regiones con tenacidad, impidiendo de todas formas un mayor grado de autonomía, o de independencia directamente.
La segunda guerra mundial fue el momento propicio para reclamar ese grado de independencia. Desde 1946 Gran Bretaña amplió su Comunidad a las colonias africanas, y hubo de aceptar la independencia de la India en 1947. Otras naciones europeas coloniales quedaron dislocadas por la guerra mundial, y sus colonias comenzaron a reclamar directamente la independencia.
Así, a fines de la década de 1940 y durante las siguientes, las regiones africanas, asiáticas y oceánicas que estaban en un status de dependencia, reclamaron el derecho a la autodeterminación de sus destinos como naciones. La creación de la ONU, que sostenía este principio en la Carta fundacional, y luego reafirmado en la Resolución 1514 de 1960, dio mayor fuerza a la autodeterminación de los pueblos a la independencia.
Patrice Lumumba, líder congolés, uno de los
grandes ideólogos del panafricanismo
A esta tendencia, se sumaron las ideologías de liberación nacional, defendidas por partidos y movimientos populares revolucionarios, con la cobertura política y militar de la URSS o la China comunista. Muchas de estas ideologías emancipadoras sostenían la importancia de recuperar valores propios para superar el orden social y político impuesto por las potencias: frente a las elites extranjeras (generalmente blancas) y sus aliados locales (cipayos, en el caso de India, o colaboracionistas en muchas regiones), se asumieron valores de culturas autóctonas. Tal el caso, en África, del concepto de negritud, que condujo a un movimiento de unidad africano, un panafricanismo, que aceleró el proceso de independencia de las naciones africanas.

En general, estos procesos de independencia en el caso africano, tuvieron mayor ocurrencia desde la década de 1950, afectando y desmembrando los girones del imperio colonial francés, inglés, portugués y belga.

Podemos ubicar a grandes rasgos este proceso, desde 1957, con la independencia de Ghana, 1962 de Argelia, del Africa meridional inglesa, con la descolonización entre 1964 y 1980.
Cada espacio colonial tuvo su dinámica propia: la descolonización del área francesa fue traumática, con los conflictos en Argelia desde 1954; igual conflictividad se muestra en el África belga, con la independencia del Congo en 1960; o en el área portuguesa, que también condujo a guerras de liberación nacional hasta 1974, cuando la "revolución de los claveles" en Portugal planificó una retirada pacífica de los últimos vestigios coloniales: Cabo Verde y Mozambique. Menos conflictivas fueron las independencias de los países del área británica, como la independencia de Ghana, Nigeria (aunque luego este último país enfrentó una gravísima guerra civil en Biafra), Tanzania o Zambia, donde las transiciones fueron favorecidas por elecciones y constituciones políticas. En algunas, la minoría blanca logró mantener el poder y llevar adelante políticas de segregación, como era usual en los Estados Unidos. Ese fue el caso de Sudáfrica.
Sin embargo, África tuvo que enfrentar, a la par que guerras o transiciones traumáticas, conflictos heredados del pasado colonial:
    * una profunda dependencia económica respecto de sus antiguas metrópolis
    * una asimetría en la relación económica
    * inexistencia de infraestructuras de desarrollo
    * repartos territoriales por encima de las identidades culturales nacionales. El ideal de estado nación en el caso africano, es conflictivo.
    * esto implica graves heterogeneidad cultural, étnica, y religiosa en el interior de los estados, fuente de una endémica inestabilidad política, que en muchos casos llega al día de hoy (como lo muestra el caso de Sudán, Chad o los conflictos somalíes).
Neoliberalismo: el final de una época. La reacción conservadora. Entre Reagan y Tatcher.

En los años 70 se comenzó a desmontar en Estados Unidos, lo que había sido la "época de oro" de la economía de consumo masivo: el estado de bienestar. Poco a poco, comenzarían a divulgarse por muchos medios y a captar el control de los espacios de poder, las tesis económicas denominadas neoliberales.
El neoliberalismo, en verdad, no es estrictamente nuevo, como lo indicaría el término "neo".
Efectivamente, las tesis neoliberales comenzaron a consolidarse desde el mismo momento de la crisis de 1929, cuando los liberales heterodoxos aceptaron las ideas de Keynes, y se puso en marcha un intervencionismo económico que dio origen al New Deal. Para el liberalismo tradicional, cada vez más cercano al conservadorismo político, las ideas de Keynes eran inaceptables.
Sin embargo, la crisis primero, la segunda guerra después, y la posguerra finalmente, obligaron a los defensores de la economía desregulada, sin intervencionismo, a refugiarse en la crítica y a fortalecer sus teorías y posiciones. La fantástica recuperación económica europea y mundial durante los años 50-60 contribuyó a fortalecer las ideas de la economía keynesiana.
Claramente a la defensiva los sostenedores del liberalismo clásico, en los años 40 y 50 florecieron en revistas, círculos de estudios, y autores, que mantuvieron vivas sus tesis e ideas centrales.
Pero el liberalismo clásico tuvo que modificarse también. Surge así, un neoliberalismo, sostenido por autores como Ludwig von Mises, Alexander Rüstow y Friedrich Hayek, que establecieron las ideas principales del neoliberalismo, desde los años 40. Inicialmente realizaron una crítica política al intervencionismo del estado, y criticaron fuertemente a los modelos capitalistas del estado de bienestar.
Friedrich Hayek

Lentamente, ocuparon espacios de poder en los partidos, se transformaron en efectivos grupos de presión en las universidades y los medios, y comenzaron a crear un "sentido común" en torno a las ideas de libertad de mercado, libertad de iniciativa, disminución de la presión tributaria, liberación de las fuerzas productivas, etc.

En los años 70 finalmente, estas ideas fueron elaboradas teóricamente en la Universidad de Chicago. En su Escuela de Economía se dieron cita los más eminentes teóricos de la economía occidental. Y la influencia de los neoliberales se hizo sentir cuando en 1974 fue nombrado Friedrich Hayek como profesor.
El prestigio de la Universidad de Chicago y la influencia académica, llevó a los neoliberales a difundir sus doctrinas económicas coherentes con las posturas políticas. Así, se hicieron conocidas las tesis monetaristas, desreguladoras, del estado mínimo, que sostenían los neoliberales desde un principio. Este prestigio los llevó a ganar el premio nobel de Economía desde 1976, con Milton Friedman, el principal teórico del neoliberalismo económico.
Con este aval, el conservadorismo político aceptó estas tesis y presentó una dura batalla por controlar el poder, luego de las crisis de 1973. Criticando al estado, a los impuestos, a las regulaciones y la ausencia de libre empresa, el neoliberalismo triunfó en Inglaterra con la conservadora Margaret Tatcher en 1979 y con Ronald Reagan en 1981.

El neoliberalismo triunfó a escala global en todo el mundo occidental, con la difusión de las ideas de la Escuela de Chicago. Decenas de premios nobel de Economía estudiaron en sus claustros, y muchos ministros de Economía de otros países se doctoraron allí. Los organismos internacionales de economía, como el FMI, el BM y la OMC, apoyaron abiertamente lo que comenzó a llamarse "recetas neoliberales".
Estas recetas se aplicaron con rigor en el sudeste asiático, arrojando los éxitos más resonantes en Corea del Sur. Los ensayos más duros fueron en el Chile de Pinochet, en plena dictadura, y las políticas de Martínez de Hoz, en Argentina.
En los años 90 el neoliberalismo cristalizó sus ideas en el Consenso de Washington e impuso con rigor a los países occidentales medidas de ajuste económico basadas en la disminución de la influencia estatal en la economía, la plena desregulación de los mercados de trabajo y capitales, la disminución de impuestos, monetarismo estricto, privatización de empresas, a cambio de financiamiento externo a través del FMI. Estas políticas se aplicaron en Perú (Fujimori), Argentina (Menem), Brasil (Cardozo), etc.
Si bien el neoliberalismo fue responsable de graves crisis en los noventa, como el Efecto Tequila o la crisis asiática de 1997, fueron las crisis de 2000-2001 en los principales países emergentes y luego la crisis de 2008 en Estados Unidos y Europa, la que obligó a una revisión de los postulados neoliberales.
Hoy, el neoliberalismo y la ortodoxia económica siguen controlando tanto la gestión de las economías más importantes como la enseñanza académica en las universidades.

TEXTOS


FMI. Clift
FMI. Ostry


Los medios de comunicación masiva en los años 60/70. La cultura de masas
Desde los años 50 se comenzaron a producir grandes cambios en las costumbres y en las formas de vida de las sociedades más desarrolladas. Una sociedad del bienestar y del ocio comenzó a producir fenómenos culturales muy complejos y profundos. Se gestaba lentamente la cultura de masas de los años 60 en adelante, con sus grandes crisis y cuestionamientos. Los sujetos privilegiados de este cambio serían los jóvenes, los nuevos protagonistas.
En los años 40-50 nacieron estos jóvenes, que en Estados Unidos se los conoce como el "baby boom", fenómeno de posguerra que alteró las formas de relación tradicionales.
El aumento demográfico explosivo se unió al evidente mejoramiento de las condiciones materiales de vida, junto al aumento de la educación masiva, el empleo y el consumo. Surgió así, una nueva sociedad: la sociedad de consumo. No faltaban compradores, y tampoco objetos. Las clases medias se ampliaron notablemente y empujaron este consumo.
Pero a la vez que se aceleraba este proceso, también surgían sus críticos, tanto en los países centrales como en las periferias. La teoría de la dependencia, en América latina y el tercer mundo, aceleraba el tránsito hacia las revoluciones socialistas y la creciente militancia política de la juventud; y en los países centrales, los universitarios y los jóvenes artistas aprovechaban las ventajas de la sociedad del ocio para poner en debate los nuevos valores.
Así se fue desarrollando una época contradictoria y compleja, y los medios de comunicación masiva dieron cuenta de los logros como del malestar y la angustia de estas sociedades.
Estos medios masivos produjeron canales de difusión que establecieron nuevos parámetros para las sociedades occidentales:
* se difundió la televisión, fantástico medio de difusión de valores e ideas, de críticas y de opinión, en todas partes del mundo.
* se difundió la prensa gráfica, en numerosas e innovadoras formas, desde la prensa diaria a una multitud de revistas novedosas y revolucionarias
* se difundió el consumo de medios fonográficos, sobre todo el disco y luego el casete, que permitieron la difusión y copia como jamás antes, de música, sonidos y grabaciones, que permitieron la experimentación sonora y la ruptura de barreras, además de la creación de nuevos estilos populares, en particular orientados o producidos por los jóvenes: el rock, el pop, etc.
* el cine también fue uno de los medios masivos de comunicación. Filmar Woodstock y luego proyectarlo en el mundo era llevar los valores del Flower Power más allá del ámbito anglosajón.
* la historieta alcanzó sus grandes logros estéticos y técnicos en esta época. Las revistas europeas como Pilotte, o Heavy Metal, las norteamericanas como Mad, o las insospechadas presencias argentinas en este mundo, transformó a la historieta en otra forma de difusión de la cultura de masas.
* el arte formal de la pintura o la escultura se dejó permear y dio origen al pop art, tan poderoso como efímero y escandalizador

* la publicidad fue sin duda, otra de las formas privilegiadas de la cultura de masas. El consumo es fundamental; la creación de nuevas necesidades, es la clave de este fenómeno

Un fenómeno nuevo como este condujo a la inmediata teorización del mismo. El canadiense Marshall Mcluhan, o el italiano Umberto Eco fueron los más importantes en el momento de maduración del mismo.

Así maduró una nueva forma de entender los objetos culturales, ya no exclusivos de una clase culta, sino en manos de las mayorías, con recursos para apropiarse y resignificar ciertos valores culturales, como para modificarlos con los nuevos medios técnicos disponibles. Es lo que denominamos cultura de masas.

Ampliación
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Los conflictos sociales y políticos en los años 60/70: entre la revolución y el desencanto

El aumento demográfico explosivo se unió al evidente mejoramiento de las condiciones materiales de vida, junto al aumento de la educación masiva, el empleo y el consumo. Surgió así, una nueva sociedad: la sociedad de consumo. No faltaban compradores, y tampoco objetos. Las clases medias se ampliaron notablemente y empujaron este consumo.
Pero a la vez que se aceleraba este proceso, también surgían sus críticos, tanto en los países centrales como en las periferias. La teoría de la dependencia, en América latina y el tercer mundo, aceleraba el tránsito hacia las revoluciones socialistas y la creciente militancia política de la juventud; y en los países centrales, los universitarios y los jóvenes artistas aprovechaban las ventajas de la sociedad del ocio para poner en debate los nuevos valores.
Los nuevos actores sociales de estas décadas, jóvenes, obreros, estudiantes, intelectuales, fueron los que promovieron miradas críticas  o abiertamente revolucionarias en todos los países. El ejemplo de las naciones africanas que luchaban por su independencia, del mundo musulmán que se levantaba contra los poderes fácticos, de China y su revolución cultural, impactó en las clases populares de los países centrales.
El stablishment norteamericano había impuesto una mirada única en los años cincuenta. La guerra fría estaba en su primer apogeo y nadie parecía poder en duda el reparto del mundo. Aquél que lo intentara corría con la desventaja de perder siempre, aunque incluso se tratara de personajes mediáticos poderosos, como Kennedy o Luther King.
Pero desde principios de la década de 1960 nuevas formas de pensar pusieron en debate este orden de las cosas. Las sociedades democráticas vieron estallar una revolución en el pensamiento que desafió al poder y lo establecido, desde las costumbres hasta la ideología. Nada quedó fuera del cuestionamiento: la familia, la política, el arte, la religión, la cultura, el pensamiento, la democracia.

Esta etapa tuvo momentos cruciales de graves conflictos que parecían dar origen a una nueva sociedad. La idea de revolución era esa: la de dar origen a algo nuevo, distinto y opuesto a lo anterior:
* las luchas antibelicistas en Estados Unidos en contra de Vietnam, 1969 (la famosa "Batalla de Berkeley")
* el Mayo del 68 en París
* la Primavera de Praga
* Tlatelolco en México, en 1968
* el Cordobazo en Argentina, en 1969
* la guerrilla guevarista en América latina
* el Black Power y las Panteras Negras en Estados Unidos
* las guerrillas y el terrorismo en Europa y América en los setenta (Septiembre Negro, maoismo italiano, Brigadas Rojas, Montoneros, etc.
La "revolución de 1968", como la bautizó Fernand Braudel, si bien consumió rápidamente sus posibilidades, dejó todo definitivamente cambiado. Nada iba a volver a ser igual después.
Muchas referencias de esta época, ubicarlas en este blog en el apartado Guerra Fría.

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