Historia del Arte en Argentina


HISTORIA DEL ARTE EN ARGENTINA. INTRODUCCIÓN GENERAL


ARTE RUPESTRE PREHISPÁNICO
Cueva de las Manos, Santa Cruz, Argentina, 9.000 a.C.

Hacer una síntesis del largo periodo de las artes plásticas, en particular, en el territorio de la actual República Argentina, es una tarea ardua y significa una selección caprichosa de autores, estilos y corrientes.
Podemos tomar un criterio estrictamente cronológico y datar las manifestaciones artísticas, consideradas éstas ampliamente, con la aparición de las primeras formas de organización social humana en nuestro territorio en la prehistoria. Surge así un riquísimo arte primitivo, que desaparece como manifestación activa con la conquista española. 
La problemática del arte rupestre en Argentina, como todo arte prehistórico, es cómo se conservaron a pesar de estar expuestas estas manifestaciones, y cuáles son sus significados.
En la actualidad, no hay preservación adecuada de una enorme cantidad de yacimientos, lo que los somete a una constante degradación, fruto del vandalismo, o de la acción de la naturaleza. De hecho, en el arte rupestre se da una paradoja: el arte rupestre, el más efímero por su ubicación expuesta a los agentes naturales (en aleros, cuevas, intemperie) y que sin embargo ha logrado que perdurara en el tiempo desde hace 9000 años, está destinado a desaparecer por la acción del hombre moderno. Los sitios más importantes de este arte pueden ser reducidos a los más referenciales.
La Cueva de las manos
Ubicada en Santa Cruz., muestra manifiestaciones y ocupación continua desde 12.000 a.C. Es una zona arqueológica sobre el Río Pinturas, sitios de habitación como aleros y cuevas. La Cueva, en particular, muestra una superposición de estilos y etapas desde 9.000 a.C. a 700 d.C. Básicamente hay tres estilos y periodos:
  • 9.000 a 7.000 a.C., donde predominan escenas de acción y de caza. En este etapa se observa un tratamiento esquemático del ser humano y mejor tratamiento de los animales presas. El objetivo es claro: garantizar la subsistencia
  • 700 a.C. en cambio, gana el estatismo, se pierden los rasgos del animal y desaparece el hombre. Posiblemente una sequía, muerte por falta de agua o alguna etapa ecológica adversa, produce una falta de alimentos: se pintan animales en gravidez, sobre todo el guanaco, el animal que sustenta a estas comunidades: ofrece carne, piel y huesos y tendones para fabricar instrumentos. Quizá era un animal sagrado.
  • 550 a 700: mayor esquematismo aún, se observa en esta etapa. Es el momento de las formas geométricas: espirales, zigszags, clepsidras. Tal vez rasgos simbólicos.
Cueva de las manos, 700 a.C.
Pero el motivo central en la cueva es la impronta negativa de manos, de tamaño variado: niños, adolescentes, adultos, hombres, mujeres. Esto sugiere una participación colectiva en algún rito dirigido por los chamanes, dueños del secreto de los pigmentos, la pintura, y la caza.
La Tunita, Catamarca. Sierra de Lancaste. 
Este sitio está asociado a la cultura de la Aguada, 400 a 900 d.C., una organización social compleja conocida por una amplia iconografía en cerámica, objetos y arte rupestre. Cultura agrícola más desarrollada, con centros de poder (La Rinconada), y cuevas de funciones religiosas.
La Tunita, Catamarca, Argentina, figura antropomorfa, 400-900 d.C.
En La Tunita, las pinturas han sido ejecutadas bajo efectos del cebil, un árbol que ofrece un fruto alucinógeno: bajo sus efectos aparece el jaguar, la serpiente, la lagartija, animales de poder cazadores nocturnos ágiles y secretos. Es la tradición americana de la fusión entre hombre y animal, personajes antropofelínicos, con cetros o lanzas de poder. Alude a lo sagrado, en una sociedad estratificada claramente: danzarines antropomorfos, con proyectiles y hachas, con caras parecidas a cerámicas tal vez contenedores de cabezas decapitadas o de ofrendas de bebés.
Cerro Colorado, Córdoba, sitio de 35.000 pinturas.
Tal vez algunas de ellas revisten un carácter conmemorativo de acontecimientos, en lugares expuestos para ser vistos, hoy en terrenos privados. Estas pinturas muestran motivos y colores variados, formas abstractas de significado desconocido. Se pueden observar motivos figurativos variados: escenas de caza de guanacos, de cría de llamas, imágenes del cóndor, sagrado por su tamaño, su altura de vuelo y su relación con lo celeste. Sus manifestaciones son hechas con pigmentos variados: sulfato de calcio (hueso), óxido de hierro (rojo), pirolucita (negro).
El sitio muestra una confusión de épocas dominadas por las luchas entre grupos: comechingones y los sanabirones. Aparecen caballos: tal vez testimonian la llegada española, grupo tardío de pinturas. Los personajes forman grupos que observan a los caballos en movimiento. Hecho perturbador de la historia de estos pueblos, lo dejaron testimoniados en sus manifestaciones estéticas.
Cerro Colorado, Córdoba. Cóndor y escenas superpuestas. 400 a 1600 aprox.
Cerro Colorado. Caballo español durante la conquista. Siglo XVI
EL ARTE COLONIAL ESPAÑOL

Capilla de Yavi, Jujuy, Argentina, 1680
En la época colonial España se propone la evangelización: con la palabra y las imágenes. En pleno proceso evangelizador, se produce la reforma protestante y la reforma católica con Trento. Se ordena contar la doctrina por medio de imágenes: las que se veneran, las catequéticas, para instruir y las ejemplares, para promover la imitación de la vida de los santos. Los imagineros de los talleres religiosos de iglesias y conventos se lanzan a producir una vasta obra artística. En general, trabajan la madera, el vidrio pintado, el marfil y el barniz. Recurren al realismo para mostrar el sufrimiento, el patetismo. Otras apelan a la ternura: niños, nacimientos, vírgenes niñas. Es un arte simbólico por excelencia, donde la divinidad representa el poder monárquico y funciona como representación de los poderes locales.
Esta obra es realizada por europeos llegados a América, pero con el tiempo surgen talleres de indígenas, mestizos, mulatos y criollos. En el siglo XVII ya son todos nativos. El norte argentino es el primer ejemplo del arte colonial americano. Allí se construye una capilla en Yaví, con gran actividad artística. En estos talleres, generalmente anónimos, donde un director daba instrucciones y operarios completaban las obras, aparecen sin embargo los artistas individuales, que firman sus obras o se conocen sus pinturas.
Se destaca el pintor Mateo Pisarro en las siete iglesias del marquesado de Tojo, la gran encomienda entregada a los nobles españoles de esa región. Sus obras se encuentran en Humahuaca, San Salvador y Uquía. Se lo relaciona con la Escuela de Potosí: por su naturalismo, el claroscuro en el moldeado de figuras. Luego evoluciona a paletas de colores más claras.
Un ejemplo claro de la simbiosis de religión y poder es también la serie de Ángeles arcabuceros, sin antecedentes europeos. Ángeles que son milicianos del XVII, con arcabuces, tambores y trompetas, seres alados que son las huestes de Dios contra el Anticristo.
Mateo Pisarro, Coronación de la Virgen, óleo sobre tela, siglo XVII
Ángel arcabucero, provenientes de la tradición peruana. Siglo XVIII
Es el ejemplo también de los hermanos Cabrera, en particular Tomás de Cabrera, autor de la primera pintura histórico testimonial del territorio argentino: Entrevista del marqués Matorras con el cacique Paikyn. El hecho efectivamente ocurrió: fue un tratado de paz entre los indígenas del Chaco y los españoles de Salta, en 1774.
La pintura es la firma de la paz con los mocovíes. Aparece un espacio celestial (virgen de la Merced, San Francisco de Paula, San Bernardo), debajo el campamento del gobernador, ubicada su figura al centro, y la entrevista al pie en primer plano, con estudio detallado de vestimenta y rostro del gobernador, pero los indios son estereotipados: el buen salvaje construido por los europeos con taparrabos y tocado de plumas.
La obra "por sus características técnicas y sentido estético, puede ser considerado de estilo barroco americano, con tendencia hacia lo sagrado, lo popular y lo histórico. Su esquema compositivo es medieval, con variadísimos personajes y una bi-dimensión total, de alto horizonte dividido en tres partes horizontales: una terrena en la parte inferior del cuadro (donde se encuentran ubicados simétricamente, el Gobernador Matorras y su séquito y por el otro Paikín con otros caciques e indios dándose las manos en signo de unión y pacificación); otra intermedia, donde ubica las carpas del ejército y describe, con asombrosa minuciosidad la flora y la fauna del lugar; y una tercera, en su parte superior, donde aparecen la Virgen de las Mercedes entre San Bernardo y San Francisco de Paula" (MARTORELL, Carmen, Vida plástica salteña, Salta, Subsecretaría de Cultura, 2005).
Tomás de Cabrera, Entrevista del Gobernador Matorras con el cacique Paikyn, 1775
Pero sin duda, desde la creación del virreinato del Río de la Plata en 1777, Buenos Aries, su capital, se transforma en el epicentro de la economía, la política, la cultura y la vida social del virreinato. A ella arriban los nobles, los funcionarios y los dignatarios de la Iglesia. Y allí no tardan en aparecer notables muestras del arte colonial. Llegan escultores de prestigio, y se hacen reformas en los templos. Aparecen los retablos, con discursos visuales con fines persuasivos. Aparecen talladores, ensambladores, doradores, etc.
Un ejemplo claro es la Catedral Metropolitana, donde hay altorrelieves relativos a la pasión y el poder eclesiástico: obra de Juan Antonio Gaspar Hernández. También autor del púlpito y de muchos templos de la Catedral. Hay imagenes de origen portugués: el cristo de la Catedral, ejemplo de gran perfección en la anatomía humana.
La pintura en el Río de la Plata, no es abundante, pero al final del virreinato llega Angel María Camponeschi, que representa la transición entre la tradición colonial tardo barroca y el neoclacisismo de las academias europeas. Hay espíritu contrarreformista: atmósferas tenebristas, alegorías religiosas, perspectivas jerárquicas, con correctas proporciones anatómicas, uso de modelos y realista tratamiento de las texturas.
Todo esto queda representado en la pintura del lego Zemborain, luego de su muerte, para exaltar sus virtudes cristianas. Un cuadro donde se observa el patetismo de la muerte en el rostro amarillento del cura, una figura casi fantasmal recortada por los rayos de la tarde, el realismo de los hábitos, el fondo del decorado con los edificios del convento de Santo Domingo, el sentido etéreo de la figura, que pareciera flotar, los escudos heráldicos en los hábitos y a los pies del personaje.
Ángel María Camponeschi. Retrato del lego José de Zemborain, óleo sobre tela, 1804

Texto ampliatorio. Burucúa, Mario. Ambigüedades del primer paisaje rioplatense: el fondo en el retrato del lego Zemborain. Ver

LOS PINTORES VIAJEROS
A fines del XVIII, una multitud de viajeros se desparrama por el mundo para conocerlo, llavados por el espíritu inquisitivo de la ilustración y de la ciencia moderna. Viajeros, topógrafos, científicos, viajan a todas partes, dispuestos a informar sobre las costumbres y la naturaleza de tan exóticos parajes. Llegan también, obviamente, a América.
Buenos Aires es escala obligada de esas expediciones, y gracias a sus dibujantes, se produjeron las primeras representaciones de la ciudad y su espacio a fines de la colonia, y a principios de siglo XIX. Son artistas viajeros y como tales, miran la ciudad desde el río. Buenos Aires es un descampado con algunas construcciones. El resto: solo campo, monótono, “vacío”.
Entre 1789-1794 llega la expedición Malaspina, para investigar detalladamente las colonias americanas, con 200 tripulantes, entre los cuales se encontraba el dibujante Fernando Brambila. Brambila, italiano de nacimiento, se encarga de representar vistas de todos los lugares que visita, y por supuesto de Buenos Aires. Gracias a él tenemos las primeras vistas de la ciudad, desde el río. En Vista de Buenos Aires desde el Río, el dibujante remarca un puerto activo en primer plano, y al fondo el perfil de la ciudad: el fuerte, el Cabildo y la catedral.
Fernando Brambila, Vista de Buenos Aires desde el camino de las carretas, 1794, aguada sepia y pluma sobre papel

En Buenos Aires desde el camino de las carretas se presenta un dibujo de cuatro planos en diagonal: con el camino, el río y su costa, una elevación hacia el río y el perfil de la ciudad, sobre un cielo encapotado. Son láminas ejecutadas de acuerdo con las convenciones de la época: el dibujante se sitúa en una elevación ficticia para crear estos planos.
Fernando Brambila, Vista de Buenos Aires desde el río, 1794, pluma y aguada sepia, encuadrado en tinta

A partir del siglo XIX los viajeros se adentran en el interior, retratando los usos y costumbres de sus habitantes.
Es el caso de Emeric Essex Vidal, inglés que llega en 1816, y publica las primeras acuarelas de la región. Vidal representa el gusto burgués europeo por lo pintoresco. Por eso centra su mirada detallista sobre las vestimentas, formas, costumbres y personajes. Pinta vistas generales; el Cabildo y la Plaza, con los personajes típicos. Se concentra en escenas cotidianas: mujeres lavanderas en el río, paseantes, acompañadas por textos descriptivos. Nos muestra el Buenos Aires que transita entre ser una ciudad y aún mostrar rasgos rurales acusados.
 Pero también se interna en la pampa. La llanura no inspira, es un obstáculo: sus ojos europeos buscan montañas y selvas pero no un paisaje tan plano, monótono, sin color, perdido en el horizonte; se necesita la figura humana para darle dimensión. Vidal se centra en la actividad humana en un paisaje vacío: boleando avestruces, viajeros en la pulpería, carrera de caballos.
Emmeric Essex Vidal, Vista del Cabildo desde la Recova, 1818, acuarela sobre papel
Emmeric Essex Vidal, Boleando avestruces, 1818, acuarela sobre papel

Las acuarelas de Vidal pertenecen al costumbrismo, género en formato pequeño dirigido al consumo burgués. Presenta grados de civilización, desde una mirada colonialista.
Un gran cambio se producirá en la segunda década del siglo XIX, con la introducción de la litografía. Con la litografía aparece con fuerza la publicación en serie. Aparecen así álbumes locales con obras de artistas viajeros, que ya se radican en la ciudad y producen y venden sus obras en Buenos Aires.
Es el caso de César Hipólito Bacle, suizo arribado en 1828, y funda una litografía que publica una variada serie de láminas sobre los usos y costumbres, tanto de la ciudad como de la pampa. Bacle posa su mirada en todos los tipos humanos de la ciudad: los ricos, los sectores populares, las mujeres. En la serie Trajes y costumbres de la provincia de Buenos Aires, recrea el ambiente aristocrático urbano. Escenas cotidianas que dan cuenta de la vida diaria porteña.
Hipólito Bacle, Carreta de Desembarque, 1834, litografía coloreada sobre papel
En Señoras porteñas por la mañana, destaca los modales europeos de las clases altas y el “color local” de las clases bajas, el niño negro, el criado, mirándolas.
Publica la serie de los peinetones: Peinetones en casa, Peinetones en el paseo, peinetones en el Baile, etc., donde de una manera caricaturesca da cuenta de la moda porteña de entonces.
Hipólito Bacle, Señoras porteñas por la mañana, 1834, litografía sobre papel
Hipólito Bacle, Peinetones en el Paseo, 1834, litografía coloreada sobre papel

En la misma época desembarca Carlos Enrique Pellegrini, francés traído por Rivadavia en 1828 pero pronto desocupado. Encuentra su salida laboral aprovechando las grandes cualidades como dibujante y retratista. Con él también desembarca el clasicismo al Río de la Plata. Sus acuarelas  muestran solidez en el dibujo arquitectónico, la perspectiva. Las representaciones sobre la ciudad constituyen una obra de valor documental entre 1830 y 1840.
Carlos Enrique Pellegrini, El Cabildo de Buenos Aires, 1829, acuarela sobre papel
En estos años, la burguesía local adopta fervorosamente las costumbres europeas, y las familias ricas reemplazan imágenes de santos por pinturas que retraten a sus familiares. Surge una demanda de pintores retratistas, y allí, Pellegrini se dedica a eso en sesiones de apenas dos horas. Gana prestigio entre las familias ricas, y fortuna. En sus más de 200 retratos por pedido, remarca las virtudes idealizadas de las damas y hombres de la elite porteña, con refinada técnica y símbolos de poder.
Carlos Enrique Pellegrini, Retrato de Lucía Carranza de Rodriguez Orey, 1831, acuarela y grafito sobre papel
 A mediados de siglo irrumpe con fuerza el romanticismo. Más que una corriente estética, es una cosmovisión integral de la realidad, que recupera la pasión, la sensibilidad, el rescate de lo oculto y secreto del alma, los sueños. En el Río de la Plata, es también una opción política frente al rosismo federal imperante. El romanticismo se vuelca al detalle costumbrista.
1856. Llega con 33 años Jean León Palliere, brasileño nacionalizado francés. Tiene educación académica, y recorre Argentina, Chile y Bolivia. Se cautiva con el paisaje y plasma bocetos en su Diario de Viaje. Ve la pampa de manera distinta a los primeros artistas viajeros, pues para él es un mundo complejo y dinámico. No escapa al exotismo pero retrata con veracidad los espacios que atraviesa. La pampa es habitada: allí está el rancho, el gaucho y su mujer enamorada. Sus representaciones remarcan la inscripción de Pallière en el naturalismo.
 En Idilio criollo el pintor muestra la relación entre los personajes, de una intimidad no consumada, rodeada de animales domésticos y una porción de llanura plana que remarca la inmensidad. Para el pintor el paisaje es lugar de acciones humanas. Su pintura costumbrista remarca las ropas, los personajes, sus atuendos como en La pisadora de maíz.
Jean León Pallière, Idilio criollo, 1861, óleo sobre tela.

Jean León Palliere, La pisadora de maíz, c. 1868, acuarela sobre papel entelado

Palliere, Invasión de indios
Pallière es un artista viajero. Llega al norte, un paisaje más exótico, y se lo mira como un desierto salvaje y violento. Así retrata la conquista de la región y la lucha del indio, en un momento en que pasa a ser un problema que exige una solución bélica. El paisaje es espacio para la acción y justifica el dominio del hombre blanco.
Johann Rugendas, alemán, también llega como artista viajero. Documenta la naturaleza, la figura pequeña ante la imponencia del paisaje. La llanura le ofrece otro elemento: el indio en estado “puro”, violento y salvaje. Así, como Pallière, también participa de la tendencia de retratar la lucha del hombre blanco contra el indio, la civilización contra la barbarie, la justificación de la conquista. El rapto describe una escena de malón con violencia, inspirado en La Cautiva. Obras fuertes y con sensualidad: confusión de ropas y tensiones de cuerpos entrelazados en la lucha. El espacio es el desierto feroz.
Johann Rugendas, El rapto de la cautiva, 1845, óleo sobre tela

Johann Rugendas, El rapto - rescate de la cautiva, 1848, óleo sobre tela
TEXTO AMPLIATORIO. Amigo, Roberto . Beduinos en la Pampa . Apuntes sobre la imagen del gaucho y el orientalismo de los pintores franceses. Ver texto. 

LA PLÁSTICA EN ARGENTINA HASTA LAS PRIMERAS VANGUARDIAS

Mientras desde principios de siglo XIX, numerosos artistas llegan a Buenos Aires y al resto del país naciente como parte de expediciones, o viajes personales, poco a poco comienzan a surgir artistas locales que irán sentando las bases de un arte nacional. Para eso era necesario crear todo un entramado de instituciones, órganos de difusión, público y mercado para sus obras. Lentamente irá constituyéndose, sobre todo en Buenos Aires.
El primer pintor nacional que se considera es Carlos Morel. Inicia su actuación artística hacia 1836, siguiendo los cánones costumbristas. Iniciado en la litografía (muy popular entonces con Bacle y Pellegrini), Morel se centró también en la pintura de costumbres.
Formado en la escuela de dibujo de la Universidad de Buenos Aires, una especie de "primera academia", produjo numerosa cantidad de óleos, adscribió al romanticismo académico, dejando superado el pintoresquismo de los artistas viajeros, que solo buscaban el detalle exótico que dar cuenta para sus públicos europeos. Morel, y desde entonces todos los pintores argentinos, se detuvo en representar formas de vida y de ser del hombre de la pampa.
Si bien como otros pintores fue retratista, sus pinturas dan cuenta sobre todo del caldeado clima político del momento, con el rosismo en conflicto constante contra los unitarios por un modelo de país determinado. 
Carlos Morel, Combate de caballería en la época de Rosas, 1829, óleo sobre tela.


Raymond Monvoisin, Soldado federal, óleo sobre tela, 1842

Una importante transformación se observa en la pintura tras la caída de Rosas. Además de Pallière, Monvoisin y otros artistas viajeros que profundizan el gusto por el arte pictórico entre los sectores más ricos, surgen nuevos pintores, o se consolidan.
Es el caso de Prilidiano Pueyrredón, pintor de familia patricia, quien comenzó una nueva tradición en el arte local: el viaje a Europa para estudiar y empaparse de los nuevos cánones. Desde la década de 1850 vuelve con el naturalismo como cánon a seguir, y descolló en una serie de acuarelas paisajistas y retratos (entre ellos de Manuelita Rosas, hecho en 1851, antes de la caída del gobernador de Buenos Aires). 
Prilidiano Pueyrredón, Retrato de Manuelita Rosas, 1851, óleo sobre tela. 

En Un alto en el campo, 1861, óleo sobre tela, utiliza la tela apaisada para dar cuenta no solo del paisaje sino de relatar pequeñas situaciones camperas.


Prilidiano Pueyrredón. Un alto en la pulpería, óleo sobre tela. 1862
El estudio del paisaje natural marcando sus rasgos y detalles se percibe en las series de acuarelas sobre papel, donde da cuenta de Palermo, el puerto de San Isidro y otros parajes cercanos de la ciudad.
Prilidiano Pueyrredón, San Fernando, acuarela sobre papel, c. 1860

Pero también se dio espacio para los desnudos, posiblemente cuadros que no fueron pensados para exhibición, dado su contenido, sino para su colección privada. Es el caso de La siesta, donde el desnudo es tratado de manera naturalista, lejos de las convenciones del cuerpo femenino idealizado. Con esta serie, el arte plástico argentino sintoniza con las formas y temas europeos del momento.

 
Prilidiano Pueyrredón. La siesta, óleo sobre tela, 1865


Prilidiano Pueyrredón. El baño, 1865, óleo sobre tela
Tan importante como Pueyrredón, aparece en la década de 1870 Cándido López, el pintor soldado. Enrolado en el ejército, marcha al frente en la guerra del Paraguay, donde es herido y pierde su brazo. Luego de la guerra decide pintar, entrenando su brazo izquierdo, lo que ha experimentado y vivido en la guerra.
López, cuya obra recién es revalorizada veinte años más tarde, testimonia en cuadros de gran tamaño con precisión documental, la guerra y sus sufrimientos. En una época en donde la fotografía da sus primeros pasos pero no puede capturar imágenes en movimiento, López da cuenta de grandes batallas y amplios espacios, con una técnica de miniatura muy vívida. Usa puntos de vista altos, con panorámicas de escenas multitudinarias. Trabaja el detalle de miniaturas, y presenta sus telas como documentos, sin pretensiones artísticas. Pinta 50 óleos de la guerra. Representa un caso singular en la historia del arte: es el único cuya obra fue rescatada después de su muerte, muchos años después. 
Cándido López. Después de la batalla de Curupaytí, óleo sobre tela 1893

Otro salto importante se da a fines de siglo. Un grupo de artistas se dispone a modernizar el panorama local. Unos con el desnudo. Rechazan ciertos valores, sacuden prejuicios y escandalizan. Y aparecen los obreros.
Finalmente, en 1878 aparece la revista El arte en el Plata, la primera revista de arte en Argentina. Es una época de modernización con la generación del 80.
Dos años antes se ha fundado la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, y considera que no es posible el progreso sin desarrollo de las artes. El panorama es desolador. La Sociedad se transformará en la nueva Academia de arte que intentará establecer cánones de una pintura nacional.
Según estos fundadores, la década que termina solo muestra la figura de Juan Manuel Blanes, célebre por una tela: Episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires, que es mostrada con gran éxito. La pintura es una atracción popular. La gente hace cola para verla exhibida en el Teatro Colón. No es para menos. La epidemia es impactante: en pocos meses el 10% de la población de Buenos Aires, muere por la fiebre. Los inmigrantes hacinados son particularmente afectados. 
Juan Manuel Blanes. Episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires, óleo sobre tela, 1871

El cuadro muestra a dos doctores que entran y ven a una mujer muerta con un bebé. Al fondo otro hombre muerto. El origen es una noticia del diario y Blanes la idealiza y civiliza: la mujer no muestra los efectos de la enfermedad ni de la pobreza, los hombres son hombres de ciencia.
La Sociedad Estímulo ve a Blanes como un referente, pero en solitario. Hay que crear una academia, publicar revistas y educar al público. El modelo a seguir es Europa.
Surgen nuevos pintores como Sívori y Schiaffino, que van a París. Se envían desnudos que escandalizan a los porteños. Y regresan luego.
Sívori llega a París en 1883, centro de arte febril y activo. En el salón de 1887 de París logra presentar El despertar de la criada, el momento en que una criada desnuda comienza a vestirse. Llama la atención a pesar de la larga tradición del desnudo en Europa. Esta tradición muestra cuerpos sonrosados y graciosos y levemente eróticos. El de Sívori en cambio es un cuerpo de mujer sin intención erótica, trabajadora, fuerte, tosca. Cuando se exhibe en Buenos Aires, se desata un escándalo: el desnudo y la condición social de la mujer pintada molestan. La presencia de las mujeres trabajadoras disloca a la burguesía: la imagen burguesa es la mujer ama de casa. El resto es escandaloso. Desde Pueyrredón que no se muestra una mujer trabajadora en una pintura. Y eso es mucho tiempo.
Eduardo Sívori, El despertar de la criada, óleo sobre tela, 1887.


Schiaffino también es central en la modernización de la pintura en Argentina. Es pintor, periodista, crítico, diplomático e historiador.
En 1889 se realiza una exposición universal en París. Schiaffino presenta un desnudo que pasa desapercibido. Pero en 1890, año de la crisis económica en Argentina, y de la Revolución contra el presidente Juárez Celman, año turbulento, se expone el desnudo de Schiaffino y la crítica lo censura: la tela va en contra del gusto burgués. El tratamiento fuera de los cánones burgueses, se acerca al simbolismo, el paño azul le da tono frio al cuerpo anguloso. No se sabe si es hombre o mujer, y esto socaba la idea de roles perfectamente estipulados. 
Eduardo Schiaffino, El descanso, óleo sobre tela, 1889


El arte madura poco a poco, hasta que en 1892, en el cuarto centenario del descubrimiento, se expone La vuelta del malón, de Ángel Della Valle. Con esta pintura, se retoma una constante del arte local: el tema de la cautiva. 
Ángel Della Valle, La vuelta del malón, óleo sobre cartón sobre madera, 1892

Por entonces gana en profundidad el debate de la necesidad de un arte nacional: se pueden usar técnicas europeas pero se debe buscar inspiración en el paisaje y la historia argentina. La Vuelta del malón es bien vista como arte nacional: paisaje, lucha contra el indio, la cautiva como personaje de larga tradición literaria. Pero en 1892 ya no hay malones y las tierras están repartidas entre las pocas familias patricias. El cuadro parece celebrar el fin de la lucha desigual. El malón es feroz, y la cautiva está idealizada: no se resiste, y el indio la protege, pintado con cánones europeos. El malón ya es cosa del pasado. Y está bien que haya sido derrotado, porque ha sido la barbarie que destruye y profana los símbolos de la cristiandad y del hombre civilizado. La Vuelta del malón es pues, una pintura que justifica la victoria cruel sobre el indio bárbaro, el infiel.
Lo moderno es la ciudad. Pero la ciudad también recibe otros malones pobres: inmigrantes, desocupados. Es una constante en este periodo.
Los pintores Reinaldo Giudici y De la Cárcova también buscan un arte moderno, y tematizan a los pobres. Representan a la pobreza urbana. La sopa de los pobres muestra una olla popular, cuerpos agobiados, encorvados. La obra, pintada en Italia, es exitosa, y termina en el despacho presidencial de Juárez Celman, el presidente que ha beneficiado a los bancos al extremo.
Reynaldo Giudici, La sopa de los pobres, óleo sobre tela, 1884

De la Cárcova pinta Sin pan y sin trabajo, dentro de los cánones del realismo y del naturalismo, expuesta en 1894. El cuadro es novedoso porque tiene intención política: representa a la familia obrera, con un hombre que mira una manifestación, con puño cerrado, enérgico. El pintor ha elaborado en Europa con anterioridad, un cuadro similar, y lo recrea nuevamente en una situación diferente.
De la Cárcova, Sin pan y sin trabajo, 1894.

El siglo termina con la creación de una nueva institución artística: El Ateneo, espacio de discusión de artes: mezcla entre lo tradicional y lo moderno. El Ateneo cumple el objetivo de ser espacio de exhibición. El panorama de las instituciones se completa al fin en 1896 cuando se crea el Museo de Bellas Artes, con Schiaffino como primer director. Al año siguiente, comienza la larga serie de exposiciones anuales de una nueva galería, Witcomb, que se transformaría en el espacio ideal para la presentación de las novedades estéticas y las tendencias modernistas, frente al aparato institucionalizado de la Academia. Efectivamente, en 1905, los Talleres Libres de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes (en actividad desde 1879), reciben la autorización de emitir títulos oficiales para la enseñanza de dibujo y artes plásticas.
El siglo XIX termina así, con la constitución de un entramado institucional para cobijar al arte argentino del próximo siglo.

TEXTO AMPLIATORIO. Nación e identidad en los imaginarios visuales de la Argentina. Siglos XIX-XX. Mariana Giordano (IIGHI-CONICET/UNNE). Ver

LOS PINTORES DE LA ACADEMIA. EL "ARTE NACIONAL"

Las primeras décadas del siglo XX introducen de lleno al panorama plástico argentino en las corrientes vanguardistas europeas.
Estos son años de grandes transformaciones tanto en el mundo como en Argentina. El mundo del progreso constante y positivo desemboca en la primera guerra mundial, que socaba las bases de la idea del futuro europea: ya no es algo que valga la pena esperar con esperanza. La guerra ha sido el ejemplo cabal de lo que la técnica puede hacer con el hombre. Surge un espíritu inquieto de angustia y ruptura ante la complacencia de la sociedad burguesa de fines del siglo XIX.

Argentina también siente aires de cambio. Es el final del largo Régimen liberal conservador. En 1912 se sanciona la Ley Sáenz Peña que habilita el voto popular sin fraude. En 1916 triunfa el primer partido nacional argentino, y lleva a su líder Hipólito Yrigoyen a la presidencia. Este periodo gobernado por la UCR dirige a la Argentina en la convulsionada época de entreguerras.
La plástica argentina es también reflejo de esas nuevas búsquedas e ideas imperantes. Los pintores afianzados, tienen a su disposición un entramado de instituciones dentro de las cuales moverse: revistas, salones, un museo de bellas artes, un público interesado. Estas instituciones cobijan a estos artistas nacionales, que buscan establecer un cánon estético sobre el que deberían transitar las nuevas generaciones.
Estas instituciones reflejan las ideas de la generación del ochenta, del centenario y del modernismo.
La pintura nacional rescata en este momento la tradición pastoril, precolombina, el final de la lucha con la "barbarie" ya dominada.
Los pintores continúan lo que se impone como una fuerte tradición: el viaje a Europa a estudiar, a empaparse de las tendencias nuevas, y su regreso para exponerlas a un público conservador y anclado en formas más tradicionales.
Así, llega el impresionismo a la plástica argentina y se impone como el cánon de la pintura nacional por excelencia.
Los impresionistas discuten afanosamente la posibilidad de un arte nacional y lo plasman en una activa difusión de sus pinturas.
Uno de los principales exponentes del impresionismo en Argentina es Martín Malharro, quien promovió las nuevas tendencias modernistas como condición de posibilidad para una pintura nacional, propia de nuestra cultura. Encargado de reformar la enseñanza del dibujo en la escuela primaria, frente a la copia mecánica defendió enfáticamente el dibujo al aire libre en conjunción con la naturaleza.
Atado aún al academicismo, Malharro remarca el interés por el motivo pictórico antes que por la narración en sí. Formador de pintores en su taller propio, evolucionó lentamente hacia formas simbolistas en sus acuarelas y telas.
Martín Malharro, Las parvas (la pampa hoy), óleo sobre tela, 1911
Otros pintores se posicionaron en espacios bien diferentes. Alertados por la inmigración masiva, temieron la pérdida de valores nacionales que consideraban en peligro. Frente al cosmopolitismo y la inmigración, propusieron un arte nacional que buscara las raíces que estaban a punto de perderse.
Un grupo de estos pintores, educados en academias europeas y retornados sobre el periodo del Centenario de la Revolución de Mayo, formaron el grupo Nexus e intentar plasmar en la pintura los rasgos que consideraban propios de la nacionalidad argentina. Recibieron el apoyo de los salones nacionales de pintura de la Academia de Bellas Artes, el espacio "oficial" del arte en Argentina.
Su principal exponente fue Fernando Fader, que tematizó el campo y lo rural; y Pio Collivadino, el pintor de temas urbanos y portuarios.
Pio Collivadino, Usinas, óleo sobre tela, 1914
Fader se ubica en el impresionismo, por el tratamiento de la composición y de los efectos lumínicos, pero también deudora del naturalismo. Publica su manifiesto artístico Posibilidades de un arte argentino, instando a los pintores a mirar su patria: "abrid vuestros ojos y ved vuestra patria. Eso yo lo llamo gran arte. Sed tan fuertes que vuestras obras representen sólo aquello que puede ser vuestra patria. Eso es arte". Los paisajes representan ese ser nacional que Fader busca afanosamente.
Fernando Fader, Fin de invierno. óleo sobre tela, 1918
Las manifestaciones del grupo Nexus, y su éxito, impusieron una larga pervivencia del impresionismo y del posimpresionismo en la década de 1920. Los pintores sostenidos por la Sociedad de Estímulo de Bellas Artes exponen con regularidad y con aceptación de público y crítica. Han logrado crear un "gusto" por determinada concepción estética.


TEXTO AMPLIATORIO. Alonso, Mariela. Arte argentino del siglo XX. Figuración, invención, diversidad. Buenos Aires, UADE, Ver

LAS PRIMERAS VANGUARDIAS. 1924

Mientras prosperan los pintores "oficiales" de la Academia, lentamente se construye una reacción contra esa concepción del arte nacional. El país ha cambiado profundamente con el radicalismo y la llegada de las masas populares a espacios de poder. Nuevos pintores intentan sintonizar con ese espíritu inquieto, y con las tendencias europeas que prosperan desde principios de siglo pero que en Argentina no tienen aún espacio.
Este es un periodo ecléctico en la plástica argentina. En la década de 1920-1930 coexistirán distintas tendencias: el paisajismo de Fader y el grupo Nexus; un grupo de pintores sociales, cobijados dentro del socialismo, con la Editorial Claridad; y un grupo de nuevos jóvenes pintores, que en 1925 irrumpieron en Buenos Aires y produjeron un "escándalo" para el gusto academicista.
Los pintores sociales fueron un conjunto muy activo de pintores que crearon un espacio institucional propio frente a los salones oficiales de la Academia. En 1914 inauguraron el Primer Salón de Recusados, pintores no seleccionados por la Academia de Artes para su salón anual. Al poco tiempo pasarían a llamarse el Grupo de los Cinco. Hacia 1920 apareció Artistas del Pueblo, el primer colectivo de arte en Argentina, que tomó su temática humanitaria y se centró en el proletariado urbano. Levantaron la bandera de transformar la realidad desde el arte; tenían una mirada crítica de la modernidad. Entre sus representantes se encuentran Guillermo Facio Hebequer.
Guillermo Facio Hebequer, El velorio, litografía sobre papel, c. 1930

Junto a Artistas del Pueblo, surgió el Grupo de la Boca, también pintores sociales, que se centraron en escenas del barrio portuario por excelencia, popular y obrero a la vez. Su principal referente fue Benito Quinquela Martín junto a Alfredo Guttero y Ernesto Lacámera. La modernidad en estos pintores no es puesta en duda, solamente hay un acercamiento humano al mundo del trabajo.
El Grupo de la Boca renovó los planteos temáticos y técnicos de la pintura académica: con nuevos encuadres para las vistas, o una relación distinta entre lo interior y el exterior, o uso más osado de colores contrastantes, y trazos firmes.
Benito Quinquela Martín, Regreso de la pesca, óleo sobre hardboard
Fortunato Lacámera, Desde mi estudio, óleo sobre tela, c. 1938

Hacia mediados de la década de 1920, luego de los "excesos" del cubismo y del futurismo, las vanguardias más rupturistas, en Europa se produce una reacción hacia formas más convencionales. La irrupción de los fascismos y formas autoritarias de poder, condenaron toda vanguardia como indeseada. El nazismo las declararía directamente "degeneradas".
En Argentina, el debate por el arte moderno y las vanguardias, está, en cambio, por empezar.
Dos fueron los exponentes que abrieron ese debate: Emilio Pettoruti y Xul Solar, pero con un universo propio lleno de matices.
Pettoruti se educó en Italia y sus primeras obras se enrolaron en la vanguardia italiana del futurismo, en su interés por el movimiento y cómo representarlo (alejándose de toda connotación rupturista o revolucionaria).
Emilio Pettoruti, Dinámica del viento, dibujo en grafito sobre papel, 1915


En Florencia, en 1916, Petorutti conoce a Xul Solar, un inquieto artista en cuyas acuarelas mezcla las simbologías de las religiones americanas, la Cábala y la astrología. Crea la idea de una identidad latinoamericana común, sobre bases espirituales.
Xul Solar, Troncos, témpera sobre papel, 1919
Con esas experiencias, en 1924 regresan a Buenos Aires sabiendo que sus obras generarían una gran polémica. Llegan en un momento en el cual Buenos Aires se moderniza, se agranda, se hace más dinámica y urbana, febril y rápida.
Llegan a un ambiente que ha consagrado la búsqueda del arte nacional a través del paisaje rural como plasmación de un ser nacional, con supervivencias del impresionismo y del simbolismo.
Petorutti presenta su primera exposición, con el auspicio de la revista de arte y literatura Martín Fierro. Xul Solar también se presenta, con su obra inclasificable. En él se destaca la preocupación por el futuro y su vinculación con las tradiciones ancestrales. Sin invención, no hay futuro posible.
Xul Solar, Proa, acuarela sobre papel, 1925
Por eso, 1924 es para muchos autores de la historia del arte argentino, una ruptura con la tradición que se había instalado en los pintores, las academias y los receptores. La búsqueda de lo argentino y su plasmación plástica propia e identificatoria, queda superada o puesta en debate por el arte moderno. Se rompen los paradigmas del arte figurativo tradicional: geometrización, simultaneidad de puntos de vista de una figura, fragmentación de las imágenes en planos y el collage, son las nuevas herramientas del arte moderno. El arte, deja de ser algo que pase desapercibido. Se toman posiciones combativas para atacarlo o defenderlo.
Emilio Pettoruti, Arlequín, óleo sobre tela, 1928
La influencia, sin embargo, es rotunda. Poco a poco, el consenso en una concepción de arte determinada, desaparece. Y aunque durante el resto de la década se logra una especie de equilibrio y se “vuelve al orden” tradicional, el arte según los cánones tradicionales heredados del renacimiento, quedan superados. Se rompe con la tradición figurativa del renacimiento. Surge así, una nueva figuración moderna bajo distintos rótulos: vuelta al orden, novecento, nueva objetividad, con momumentalidad y atmósferas inquietantes.
Desde entonces, ya no hay un solo “arte nacional”. La pluralidad de propuestas enriquece las búsquedas estéticas en Argentina: desde el arte tradicional con el paisaje y las escenas de género, donde Fader es el artista consagrado, o el arte nuevo con nuevos recursos, o los Artistas del Pueblo, de izquierda, con un arte que promueve el cambio social, o los pintores de la Boca, como Cúnsolo o Lacámera.
Pero la apuesta la gana el arte moderno más vanguardista. En 1927 El Museo Provincial de Bellas Artes es encargado al joven Pettoruti. Desde allí las nuevas generaciones abren nuevos espacios.

ENTREGUERRAS. REALISMO CRÍTICO Y SURREALISMO

Hemos visto que hacia mediados de los años veinte, la pintura argentina supera el viejo debate de un arte nacional. Si bien muchos, y sobre todo los más influyentes pintores continúan las tradiciones impresionistas, y buscan un arte propio, repentinamente se instalan nuevos pintores, que, desde su llegada desde Europa, traen las nuevas tendencias. En 1924 Pettoruti y Xul Solar presentan esas nuevas tendencias, de forma contundente.
Horacio Butler, La siesta, óleo sobre tela, 1927

Los años treinta traen otros debates. La guerra, la crisis de 1929 y los problemas locales, como el repentino surgimiento del militarismo en el poder desde 1930, obligan a nuevos posicionamientos. Europa ha seguido produciendo cambios estéticos rotundos.
Así, pintores como Berni, Basaldúa, Del Prete Badi, Guttero, Forner, exigen un compromiso militante del arte con la realidad.
Raquel Forner, El drama, óleo sobre tela, 1942
Esa realidad es abordada en primer término, desde el surrealismo.
Pero sobre todo, es abordada desde las posiciones ideológicas de la izquierda. Surge así el realismo crítico. 
Antonio Berni, Desocupados, óleo sobre tela, 1934

Antonio Berni, El obrero encadenado, óleo sobre tela, 1949
Pero este realismo se distancia de las posiciones dogmáticas del arte soviético, que considera que el arte debe ser didáctico, debe ser un arte para el pueblo. Los pintores que manifiestan un compromiso social se acercan más a las posiciones del arte mexicano. Siqueiros, Orozco, los muralistas de la revolución, impactan fuertemente con sus propuestas monumentales, revolucionarias, y estéticamente renovadoras. Encuentran en Buenos Aires nuevos espacios, nuevos museos y nuevos soportes donde plasmar este arte. Aunque no es un arte claramente público, como en México. No hay murales, hay grandes cuadros.
En este sentido, aparece el Ejercicio Plástico de Siqueiros, Spilimbergo, Berni, Lázaro y Castagnino, pintado en un sótano de la casa del dueño del diario Crítica; o la Asociación Amigos del Arte, fundada en 1928, centro del nuevo arte argentino; o las Galerías Pacífico, primer edificio de tiendas por departamentos que hacia 1946 es techado y en la cúpula central se entrega a Berni, Castagnino, Urruchúa, Colmeiro, Spilimbergo. Aunque en estos murales, el realismo crítico es convenientemente dejado de lado por una mirada más optimista sobre las fuerzas humanas y naturales.
Estos pintores continuarán durante toda su vida evolucionando dentro de los parámetros del realismo crítico. Berni se irá radicalizando en sus propuestas estéticas e ideológicas; Forner, profundizará una mirada oscura y opresiva; Castagnino le pondrá imagen a la literatura de los cincuenta y sesenta.
El realismo crítico, es por eso, otro de los hitos fundamentales de la historia del arte en Argentina.


TEXTO AMPLIATORIO. El Ejercicio Plástico. en El Mural del Bicentenario. Ver

 LA ABSTRACCIÓN DE LOS 40-50


Hacia principios de siglo XX, París es centro de numerosas vanguardias:
  • el surrealismo
  • el cubismo
  • el contructivismo
  • la abstracción
Esta última vanguardia, propone romper con la figuración, que se sostiene en el arte desde el Renacimiento, y ha sido puesta en debate por las otras vanguardias, pero aquí es abandonada totalmente.
El arte abstracto pone su atención en los elementos plásticos, no en la figura o la perspectiva, sino en la línea, el color, el plano, el espacio. Considera la geometría y la matemática como sus herramientas. Así, el subjetivismo del pintor, no cuenta: es una imagen geométrica, pura, objetiva.
Mondrian representa cabalmente este grupo, en el cual se encuentra el uruguayo Joaquín Torres García.
Piet Mondrian, Tableau II, óleo sobre tela, 1922

Es justamente Torres García quien, a su regreso a Uruguay, en 1934, se transforma en referente del “arte moderno”, con sus propuestas abstractas y contructivistas.
Torres García, La última cena
Jóvenes artistas argentinos seguirán de cerca sus elaboraciones teóricas, y en 1942 se presentan en público con un manifiesto rupturista de la figuración. Luego, en 1944, a través de un medio propio: la revista Arturo.
Si bien, la revista solo dura un número, sientan las bases del arte abstracto en Argentina, y en ella están en germen, los futuros grupos artísticos en los que el movimiento abstracto se atomizará durante la década de los cuarenta:
  • el grupo Madí
  • la Asociación Arte Concreto Invención
y sus desgajamientos posteriores. Allí se dan cita Arden Quin, Rotthfus, Kosice y Bayley.
Kosice. Royi, escultura en madera, 1944

Del Madí al perceptismo




Fragmento de programa Huellas. Arte argentino, Canal Encuentro, capítulo 10, 2012.

Los madistas proponen elementos teóricos nuevos, que se difunden hacia el resto del mundo. De carácter programático, dispuestos a llevar esos elementos teóricos a todas las artes, el movimiento madí se instaló con fuerza entre las corrientes estéticas rioplatenses, pues uno de los principales impulsores de la abstracción fue el uruguayo Torres García.
Los madistas definieron dos conceptos claves:
  • la invención pura, como método estético (de hecho la palabra “madí” es un invento), fruto de la deliberada búsqueda, frente al automatismo del pensamiento sin mediación de la razón, como planteaba el surrealismo
  • la utilización novedosa del marco irregular. El marco de un cuadro debe adaptarse a la tela.
Propusieron avances y vanguardias que seguirán otros artistas, como shaped canvas de los años sesenta en Estados Unidos.

El grupo se divide y surge la Asociación Arte Concreto. El arte concreto, que se experimenta desde los treinta en Europa, también arraiga en Argentina, con sus rasgos característicos:
  • geometrización
  • invención como rasgo de la creación artística
  • centralidad de los elementos plásticos por encima de la representación
  • el concepto de coplanar: los elementos del cuadro se distribuyen en un mismo plano e incluyen el espacio como parte de la composición de la obra.  
Alfredo Hlito, Ritmos cromáticos III, óleo sobre tela, 1949

El panorama, complejo y dinámico, se completa con el perceptismo, desarrollado por Lozza y Haber. Lozza parte de las bases de la abstracción: geometría, abstracción no figurativa, marco recortado, pero desarrolla nuevos componentes:
  • la estructura abierta
  • cualimetría de la forma plana
  • noción de campo colorido
  • importancia total del muro arquitectónico que sostendrá al objeto estético.
Raúl Lozza, Obra N° 163, óleo sobre madera, 1948
Así, no buscaban representar la realidad, sino presentar objetos estéticos, que debían insertarse con naturalidad en un contexto cotidiano. El arte, como para la Bauhaus, debía servir a las personas.
Esta vanguardia, en los años cuarenta, debió lidiar, como las expresiones cubistas, la nueva figuración o el surrealismo, con las tendencias realistas que el peronismo identificaba con el arte popular. La abstracción es morbosa, peligrosa, degenerada, porque rompe deliberadamente con la tradición figurativa. Es expulsada del favor oficial, e incluso de las manifestaciones ortodoxas del marxismo.
Sin embargo, la abstracción se transformará en el “paisaje” de los años cincuenta, será ampliamente aceptada y sus artistas desarrollarán sus manifestaciones con gran interés de la crítica y de las instituciones. Su fuerza se arraiga en los años sesenta con intensidad, dando paso a las corrientes de la nueva abastracción, el arte óptico, cinético, del contructivismo, del minimalismo. Y en las décadas siguientes su vitalidad no disminuye.


TEXTO AMPLIATORIO. Alonso, Mariela. Arte argentino del siglo XX. Figuración, invención, diversidad. Buenos Aires, UADE, Ver

AÑOS 60. EXPERIMENTACIÓN Y ECLECTICISMO

Los años 60, tanto a nivel mundial como en Argentina, es una década de intensa experimentación, búsqueda de nuevos lenguajes y acercamiento crítico a las realidades de la sociedad contemporánea. Los medios masivos de comunicación, la estandarización del consumo y de los gustos, la opulencia de las sociedades del bienestar, pronto son puestos en duda por una generación de jóvenes que rompen con las tradiciones generacionales anteriores.
Los entrecruzamientos con otras formas de arte y otras estéticas es uno de los rasgos más claros del periodo. El rock y sus propuestas estéticas, musicales y poéticas influye (y es influido a la vez) por las nuevas vanguardias. La historieta, género menor, pronto alcanza grados de perfección técnica que llaman la atención de un público más vasto.
Todos estos elementos, llegan también, más o menos simultáneamente, a Argentina. Los sesenta serán, pues, años de eclecticismo y renovación. Y todo esto ocurre en un momento político y social de intensa movilización política: la revolución está a la vuelta de la esquina.
América latina entra a la década de 1960 de la mano de la Revolución cubana. El éxito y el deslumbramiento revolucionarios contagia a todos los sectores movilizados del continente. Se inicia una intensa movilización política de las juventudes, de los obreros y de los intelectuales comprometidos con la realidad sociopolítica. La revolución en América latina entra en el panorama mundial, no en el contexto del conflicto este-oeste, sino norte-sur. Es la lucha entre el subdesarrollo y los países desarrollados.
Argentina es alcanzada por esta ola de inconformismo. Desde la caída del peronismo en 1955, los gobiernos democráticos débiles y la corporación militar se obstinan en mantener a este movimiento de masas lejos del poder, mediante proscripciones, persecuciones o represión. 
El éxito de las tesis del Che del foco guerrillero en América, y la pérdida de aceptación en las reglas democráticas, favorecen opciones cada vez más violentas. La protesta social es aplacada con persecuciones o represión en las universidades y las calles.
No es época propicia para los intelectuales. La “Noche de los bastones largos” empuja al exilio a numerosos universitarios. Los espacios de experimentación que florecen a principios de la década, como parte de una búsqueda de lo disconforme, hacia 1968 comienzan a ser cerrados.

El arte en la Argentina en los sesenta
En esta década, el arte se propone superar la barrera que separa lo culto con lo popular, se propone fusionar el arte con la vida. Así surgen la nueva figuración y el pop art, con Jorge de la Vega, Ernesto Deira, Rómulo Maccio y Felipe Noé.
Entre principios de la década de 1960 hasta 1970, la institución que establece nuevos modelos y paradigmas, está lejos de la Academia. Es el Instituto Di Tella, un centro de arte experimental que alcanzó niveles de audiencia e impacto inimaginables.
Frente del Instituto Di Tella

Surgido de la voluntad progresista de unos industriales argentinos, exitosos fabricantes de electrodomésticos y automóviles, el Instituto Torcuato Di Tella concentró la atención de todas las vanguardias: el arte con la nueva figuración o el pop art; la música y el teatro, con excéntricos artistas como Les Luthiers; las performances, y el cine experimental.
El Centro de Artes Visuales, dentro del Instituto, dirigido por Jorge Romero Brest, apostó a la experimentación  y las formas artísticas más vanguardistas. Es el caso de la Menesunda, de Marta Minujín en 1965. los jóvenes artistas encuentran en el Di Tella su espacio de legitimación. Se estimula el contacto con otros centros de experimentación: Buenos Aires está también a la vanguardia.
Marta Minujín. La Menesunda, 1965.

Desde los inicios de los sesenta, las vanguardias se radicalizan y cuestionan la idea de autonomía del arte de la abstracción, con su apuesta a los aspectos objetivos del arte: la línea, el plano, el color.
La tradición pictórica se había puesto en debate desde los años treinta con la modernidad; había sido ideológicamente impugnada con el realismo; y había sido olvidada con la abstracción. Ahora era despiadadamante subvertida. Pero también las vanguardias son puestas en debate.
Dos grandes líneas seguirán los pintores en esta etapa:
  • el informalismo
  • la nueva figuración
El informalismo es la primera manifestación opuesta a la abstracción. El informalismo opone a la pureza de la línea o el color, la rudeza de la materia y el gesto. Son obras producidas por el rápido accionar de la mano sobre el soporte. La materia pictórica revela el gesto con el que fue trazada.
En 1959 se presenta el informalismo:
  • movimiento informalista con Greco, Wells. La materia pictórica es chorreada, marcada, largada. Reaparece el collage, ahora ensamblaje.
  • Greco es el radical de los informalistas. Su interés se centra en la acción sobre el soporte. Obsesionado con la materia, expone las telas a la intemperie, las orina, observa cómo cambian con las reacciones orgánicas enriqueciendo la superficie. Firmaba con su nombre las manchas de humedad de los baños. La obra estaba hecha, él simplemente las reconocía.
Desde el informalismo surgen muchas vanguardias, como la nueva figuración. En 1961 Ernesto Deira, Rómulo Maccio, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega realizan una exposición en la galería Peuser. Tienen elementos en común, pero trabajan con libertad. Rechazan ser un movimiento y reclaman la libertad de incorporar la libertad de la figura. 
Se valoriza lo gestual, las manchas, los trazos violentos, lo chorreado, las tonalidades bajas, los oscuros. Se mezcla abstracción y la figuración. Siempre con la figura humana.
Rómulo Macció, Hambre, 1961, óleo sobre tela
Pero también irrumpe el pop art, que sin embargo, cambia su sentido: es abiertamente politizado, no se contenta con la impugnación de la sociedad de consumo, que era uno de sus tópicos en Estados Unidos.
Noe y De la Vega terminan por romper lo que queda del renacimiento: una estética del caos, como en el collage, para superar el soporte tradicional. Los borrones y los chorreados parecen no tener relación con la figuración. Introducción a la esperanza, es paradigmático: la obra escapa a los límites de un marco, se produce la ruptura de los límites del cuadro.
Luis Felipe Noé, Introducción a la esperanza, 1963, óleo sobre tela

Uno de los más representativos es Jorge de la Vega. En 1965 incorpora esa estética, abandona el collage, el óleo, las manchas. Adopta el acrílico, que con su brillo, sus colores y el carácter plano, lo acercan a la publicidad y los trabajos mecánicos. Se muestra la felicidad supuesta, los lugares comunes de la cultura de masas, que debajo muestra los monstruos.
En 1968 se dedica a la canción. Busca comunicarse con los que no van a sus exposiciones. Graba un disco: hace exposición-concerts.
Jorge de la Vega, Rompecabezas, 1969, acrílico sobre tela
Su obra Rompecabezas pone en crisis la idea de obra de arte: va cambiando.
Pero así como la década, por las proscripciones políticas del peronismo, las represiones violentas de las dictaduras, y las proclamas y acciones revolucionarias de Cuba y del Che, se va radicalizando conforme avanza, también en el arte se manifiesta esta cercanía arte+militancia. El ejemplo, en 1968, al cerrarse la década, es Tucumán Arde.
La muestra se realiza en el local de la CGT de los Argentinos, central obrera de los gremios más combativos. Los artistas, con fotos, intervenciones y pancartas, denuncian la explotación laboral en los ingenios azucareros del norte. Apenas abre, es clausurada por el gobierno militar de Onganía.
La censura de Tucumán Arde preanuncia otras acciones de censura.
Con 1970 Argentina tiene unos años más de esperanza, renacida por el triunfo electoral de Allende en Chile y su “vía chilena al socialismo”. Pero es claramente un cambio de época: las manifestaciones de disconformidad de la juventud occidental se van atenuando; sus grandes líderes mueren (Hendrix, Malcom X, Los Beatles, el Che), sus proyectos naufragan (con las dictaduras militares en Chile o en Argentina). Lentamente se abre un futuro menos optimista. 
Al poco tiempo, el Di Tella, cierra sus puertas y se clausura con eso, una etapa dinámica, rupturista y muy politizada.

TEXTO AMPLIATORIO.  López Anaya, Jorge. Historia del arte argentino. Años 60. Ver

Guía de analisis de obras pictóricas

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